Una nueva epidemia: la soledad en el trabajo

Una nueva investigación desmiente mitos sobre el aislamiento en el trabajo y demuestra que sus costos para la empresa, que incluyen desde la salud hasta la productividad, son demasiado altos para ignorarlos.

El sentimiento de soledad afecta a uno de cada cinco empleados, un problema que a menudo pasa desapercibido debido al estigma que lo rodea, según advierte Constance Noonan Hadley, profesora de la Boston University Questrom School of Business y fundadora del Institute for Life at Work.

“Uno de los grandes errores es pensar que sentirse solo en el trabajo es poco común”, señala Hadley.

Su investigación más reciente, en coautoría con Sarah Wright de la Universidad de Canterbury, revela que la cultura de la empresa juega un papel crucial, no solo en el sentimiento de soledad de los colaboradores, sino en cómo este afecta los resultados finales del negocio.

El Costo Oculto de la Soledad

Los efectos del aislamiento van mucho más allá del bienestar emocional. Hadley es enfática al afirmar que la soledad es “perjudicial para los resultados de la empresa”.

El problema se asocia con un aumento en los costos de salud (mayores tasas de enfermedades y mortalidad prematura), y plantea riesgos significativos para la productividad, el rendimiento y la rotación de personal.

Un hallazgo clave de la investigación desmiente la creencia de que la soledad es un problema exclusivo de los jóvenes, de los introvertidos o de quienes trabajan en remoto.

Si bien los roles más junior y el trabajo totalmente a distancia mostraron una mayor propensión, la soledad afecta a personas de todos los perfiles, edades y géneros.

Además, el simple hecho de volver a la oficina no es una solución mágica: “No se debe suponer que si estás en la oficina no te sientes solo y que si trabajas a distancia te sientes solo”, aclara Hadley. “Es mucho más complejo que eso”.

Estrategias de Impacto para las Empresas

Dado que la soledad es un problema universal, las empresas requieren un enfoque que conecte con todos sus empleados. Hadley y Wright proponen seis acciones fundamentales que las organizaciones pueden implementar:

  1. Medir la situación: Utilizar herramientas validadas, como la escala de soledad en el trabajo creada por las investigadoras, para entender la situación actual de la fuerza laboral.

  2. Identificar factores culturales: Buscar los elementos centrales de la cultura que impiden la conexión, como la falta de pausas o espacios informales.

  3. Incluir la construcción de relaciones en las evaluaciones: Dejar de considerar el tiempo de conexión como una actividad “no promocionable” y valorarlo en las revisiones de desempeño.

  4. Invertir en un calendario social regular: Integrar actividades sociales de forma continua en la rutina de trabajo.

  5. Ofrecer diversidad de programas: No depender de una sola iniciativa, como los Grupos de Recursos para Empleados (ERGs), para generar sentido de pertenencia.

  6. Definir la participación de los líderes: Los directivos deben involucrarse de forma activa y humilde, buscando construir sus propias redes en lugar de solo impartir sabiduría.

En un entorno laboral cada vez más complejo, el estudio subraya que invertir en conexiones significativas es una necesidad estratégica y no solo un beneficio social.

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