La caída del “Zar de Retiro”, Néstor Otero, tras décadas de contratos opacos

El “Zar de Retiro”, Néstor Otero, fue finalmente desalojado de la estación Once tras décadas de concesiones irregulares. El empresario, imputado en la Causa Cuadernos, ahora enfrenta la licitación de su principal negocio en la Terminal de Retiro, cuyo contrato está vencido desde 2015.

Néstor Otero

La figura de Néstor Otero, conocido en el ambiente de los negocios como “el Zar de Retiro”, encarna un modelo de gestión empresarial argentino basado en la prolongación de contratos vencidos y la proximidad con sucesivas esferas de poder político. Tras mantener un control férreo sobre la Terminal de Ómnibus de Retiro durante más de 30 años y sobre la estación ferroviaria de Once hasta esta semana, su imperio comienza a desmoronarse.

El Desalojo de Once y el Fin de la Impunidad

Este miércoles por la mañana, finalmente se concretó el desalojo de la empresa Nueva Estación Once S.A. de la terminal de la línea Sarmiento, una acción ordenada por el Juzgado Contencioso Administrativo Federal 6, a cargo del Dr. Enrique Lavié Pico. Este hecho representa la primera fisura significativa en el prolongado dominio de Otero. Su control sobre la estación Once se había extendido más allá del plazo original de 20 años (otorgado en 2005), gracias a una adenda irregular de 2015 que lo proyectaba hasta 2033. Por la explotación de casi 21.000 metros cuadrados de superficie comercial, el empresario pagaba cánones mensuales irrisorios, que oscilaban entre $197.000 y $226.000.

Además del desalojo de Once, avanza el proceso para convocar a una licitación pública en la Terminal de Retiro, su principal fuente de ingresos. Como agravante, Otero, imputado en la Causa Cuadernos de las Coimas, ha sido eximido de algunas audiencias judiciales debido a certificados médicos presentados por su defensa.

Retiro: El Caso del Limbo Jurídico

La concesión original de la Terminal de Retiro, operada por la firma TEBA S.A. de Otero, caducó en 2015. A pesar de que esta es la estación más importante del país, con un tránsito de cerca de 100.000 personas en temporada alta, ha continuado operando en una precariedad legal que ningún funcionario ha podido revertir o explicar con claridad.

El lucrativo negocio de Retiro va más allá del cobro de tasas de andén, abarcando alquileres de locales, estacionamiento y servicios. El canon que el magnate pagaba se mantuvo prácticamente inalterado en términos de dólar estadounidense desde el inicio del gobierno de Alberto Fernández, un regalo regulatorio para un negocio de tal magnitud.

La complicidad estatal con esta situación se manifestaba en la constante queja de los usuarios por la infraestructura degradada y la falta de inversión. Otero, por su parte, ejercía un control absoluto sobre el predio, llegando a concesionar los baños a sus propios empleados de limpieza, quienes le pagaban un “alquiler” mensual. Las comodidades, como el restaurante del piso superior, eran mantenidas con pulcritud, siendo un punto de encuentro frecuente para figuras políticas y judiciales.

La historia de Néstor Otero es una crónica de la capacidad de resistencia ante cualquier intento de reforma. Representa un ejemplo de un Estado que prioriza la excepción administrativa por encima de la norma, tolerando la precariedad y el control de activos críticos por parte de un privado a pesar de las condenas judiciales y la decadencia de la infraestructura. El desalojo de Once parece ser el primer indicio de que el “Zar” podría estar perdiendo finalmente su corona.

Nota escrita por:
Te recomendamos...