El mercado cambiario retomó su ritmo tras el brindis navideño con una señal de estabilidad relativa. El cierre de este viernes en $1.475 para el mercado informal sitúa la brecha cambiaria en niveles manejables para el equipo económico, aunque el interrogante central de los operadores se desplaza ahora hacia el primer trimestre de 2026. Con la demanda de divisas por turismo en su punto más alto y el vencimiento de compromisos internacionales en el horizonte cercano, el “veranito financiero” entra en su fase de mayor exigencia técnica.
Las proyecciones para el año que comienza dividen las aguas en la City porteña. Mientras que los informes de consultoras privadas sugieren que el tipo de cambio oficial debería acelerar su microdevaluación diaria (crawling peg) para evitar un retraso frente a los precios internos, el Banco Central mantiene su postura de utilizar al dólar como un ancla inflacionaria. La transparencia de los datos indica que, si se mantiene el ritmo actual, el dólar podría enfrentar una presión alcista hacia fines de enero, impulsada por la caída en la demanda de pesos una vez superado el pago de aguinaldos y gastos festivos.
Un factor determinante para el 2026 será la acumulación de reservas. El Gobierno confía en que la continuidad del superávit comercial y el ingreso de divisas por sectores estratégicos como la energía y la minería actúen como un blindaje natural contra las corridas. Sin embargo, los inversores institucionales miran de reojo el valor de los dólares financieros (MEP y Contado con Liquidación), que suelen anticipar los movimientos del mercado antes de que estos se trasladen al blue o al oficial. El consenso del mercado proyecta un escenario de volatilidad controlada, supeditado a la capacidad oficial de sostener la disciplina fiscal.
En el análisis de mediano plazo, la unificación cambiaria sigue siendo la “gran promesa” pendiente. El 2026 se perfila como el año donde el Gobierno deberá definir si finalmente avanza hacia la salida del cepo, una medida que los mercados consideran indispensable para atraer inversiones de largo aliento pero que genera resquemores por su posible impacto en el índice de precios. La prudencia parece ser la palabra de orden entre los grandes fondos de inversión, que prefieren mantener posiciones líquidas hasta que las señales del Palacio de Hacienda sean definitivas.
El balance de esta primera semana post Navidad deja una sensación de equilibrio frágil. Con el dólar operando en una franja de estabilidad, el foco se desplaza hacia la capacidad del Ejecutivo para navegar un verano que, históricamente, suele tensionar las variables monetarias. El 2026 no solo será un año de desafíos electorales, sino también el laboratorio donde se pondrá a prueba la resistencia del modelo económico frente a la demanda real de divisas de una economía que intenta recuperar su senda de crecimiento.