El sol de Reñaca tiene, este enero de 2026, un brillo amargo para cientos de turistas, principalmente mendocinos. La trama, que combina tecnología de vanguardia y psicología de la urgencia, se cobró víctimas a través de una empresa fantasma denominada “Holiday Reñaca”. No se trató de un simple anuncio falso en una red social; la banda criminal montó una estructura que incluía sitio web propio, correos corporativos y cuentas de WhatsApp Business verificadas por Meta, otorgando una pátina de legitimidad que doblegó la desconfianza de profesionales y conocedores del destino.
El modus operandi fue quirúrgico. Los estafadores captaban a sus víctimas mediante publicidad paga en Instagram y Facebook. Una vez establecido el contacto, una supuesta empleada llamada “Marcela” derivaba la atención a canales “oficiales” para profesionalizar el engaño. Para cerrar las operaciones, utilizaban la técnica del descuento por pago total y la falsa escasez: “solo quedan dos unidades disponibles”. Los pagos, que en algunos casos superaron los USD 1.300, se realizaban a través de plataformas legítimas como Flow.cl, lo que terminaba de disipar cualquier sospecha hasta que el turista llegaba a la puerta del edificio.
Al arribar al complejo Holiday Park, en la calle Angamos, la realidad golpeaba de frente. “No, es una estafa; ya sos la decimoquinta persona”, era la frase recurrente de los conserjes. La organización había clonado fotos reales de propietarios legítimos, como Egon Pfaff, quien debió intervenir sus propias imágenes en Booking con advertencias sobre el fraude. La sofisticación llegó al punto de que, ante el reclamo de una de las víctimas, el sistema de rastreo de pagos ubicó la cuenta receptora en la remota Isla de Pascua, lo que dificulta enormemente la recuperación de los activos.
La abogada Maricel Bonanno, una de las damnificadas, sintetizó el sentimiento de impotencia que recorre la costa chilena: “Te sentís muy mal, pero te das cuenta de que es gente que es muy buena en lo que hace”. El impacto no fue solo financiero —con transferencias que rondaron los $570.000 argentinos por estancias cortas— sino también logístico, obligando a familias enteras a deambular por Viña del Mar en busca de alojamientos de emergencia en una temporada con ocupación plena.
En un giro cínico, tras la viralización de las denuncias, los estafadores publicaron un mensaje de despedida en su web antes de darla de baja. Con una cita bíblica y un pedido de perdón, intentaron justificar el delito alegando que “era necesario para salir” y que “no tuvieron elección”. Mientras tanto, las autoridades chilenas y el consulado argentino advierten que el flujo de estafados podría aumentar en la segunda quincena de enero, evidenciando que, en la era de la digitalización, la verificación presencial o a través de inmobiliarias tradicionales vuelve a ser el único escudo eficiente contra el fraude.