La carga impositiva sobre la vivienda propia suele ser una de las mayores preocupaciones para quienes perciben haberes previsionales. Por ello, la exención del ABL se consolida como una herramienta de asistencia clave en la Capital Federal. Para este 2026, el beneficio alcanza el 100% de la tasa para aquellos que cumplan con una serie de condiciones vinculadas tanto a la titularidad del inmueble como a su situación financiera personal. No se trata de una bonificación automática, sino de un trámite que debe renovarse o solicitarse bajo parámetros específicos de la AGIP.
El primer filtro es el nivel de ingresos. Para acceder a la gratuidad, el beneficiario debe percibir un haber mensual que no supere el equivalente a dos jubilaciones mínimas. Es importante destacar que este cálculo se realiza sobre el ingreso bruto y contempla a todos los convivientes si fuera el caso. Además, el inmueble en cuestión debe estar destinado a vivienda única y permanente, descartando cualquier propiedad utilizada con fines comerciales o de renta.
En cuanto a la valuación del patrimonio, la normativa de 2026 establece un tope para la Valuación Fiscal Homogénea (VFH). Si el valor de la propiedad asignado por la Ciudad supera los límites establecidos por la Ley Tarifaria vigente, el titular podría quedar excluido del beneficio, aun cumpliendo con el requisito de la jubilación mínima. Esta cláusula busca asegurar que el alivio fiscal llegue efectivamente a los sectores de clase media y baja que ven comprometida su capacidad de pago ante la inflación de los servicios urbanos.
El proceso para gestionar la exención se ha digitalizado casi en su totalidad para agilizar los tiempos de respuesta. Los interesados deben ingresar a la plataforma de AGIP con Clave Ciudad, adjuntando la última liquidación de haberes, el título de propiedad y el DNI. Para aquellos que no están familiarizados con el entorno digital, las sedes comunales mantienen canales de atención presencial con turno previo, garantizando que la brecha tecnológica no sea una barrera para acceder a este derecho.
Más allá del ahorro mensual, esta política plantea una reflexión sobre la presión tributaria en la vejez. La exención no es solo un descuento, sino un reconocimiento a la vulnerabilidad de un sector que, tras décadas de aportes, encuentra en su hogar el último refugio de estabilidad. En una ciudad con costos de vida crecientes, eliminar el costo del ABL representa para muchos la diferencia entre mantener su propiedad al día o caer en la morosidad por necesidad.