La situación en Chubut ha pasado de grave a desesperante. Las condiciones meteorológicas, con ráfagas de viento cambiantes y una visibilidad nula por el humo, han dejado en tierra al Hércules C-130 y al resto de la flota aérea. Sin el apoyo desde el cielo, el combate contra las llamas se ha reducido a una lucha cuerpo a cuerpo de los brigadistas en un terreno escarpado y de difícil acceso, donde el fuego avanza sin control sobre milenarios bosques de alerces.
Testimonios de quienes combaten en la primera línea describen un escenario dantesco. “El ruido del fuego es como un motor constante que ruge y los gritos de los animales escapando o atrapados son desgarradores”, relató uno de los voluntarios. La pérdida de biodiversidad es incalculable: aves, mamíferos pequeños y reptiles se ven acorralados por frentes de fuego que superan los diez metros de altura, mientras las cenizas cubren lagos y poblaciones cercanas como Esquel y Trevelin.
El comando de incidentes informó que el humo no solo bloquea la visión de los pilotos, sino que también genera turbulencias térmicas peligrosas para cualquier aeronave. Esta limitación técnica llega en el peor momento, justo cuando el incendio amenaza con saltar hacia nuevas cuencas vírgenes del parque. La prioridad actual es proteger las zonas de viviendas y las áreas turísticas, mientras se espera que una rotación del viento limpie la atmósfera para permitir el reingreso de la tecnología hidrante.
Desde el gobierno provincial han reiterado el pedido de auxilio nacional y han denunciado la complejidad de un operativo que ya involucra a más de 300 personas. La comunidad local se ha movilizado con donaciones y apoyo logístico, pero la sensación de impotencia crece ante la fuerza de la naturaleza. “Estamos ante un ecocidio en cámara lenta“, advierten organizaciones ambientales que monitorean el avance del foco ígneo, el cual ya ha consumido miles de hectáreas de un sitio declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.
La jornada de hoy cierra con una vigilia tensa. Si las condiciones no mejoran durante la madrugada, el Parque Nacional Los Alerces podría enfrentar una de sus mayores pérdidas históricas. El destino de miles de años de historia natural depende ahora de una tregua climática que permita que el gigante Hércules y los equipos de tierra puedan, finalmente, doblegar a las llamas que hoy parecen imbatibles.