La provincia de Entre Ríos enfrenta un escenario crítico en materia de salud ambiental tras confirmarse un aumento del 75% en las denuncias por mordeduras de yarará durante el periodo 2025. Según el último boletín epidemiológico, la frecuencia de estos encuentros entre humanos y serpientes ha superado todos los promedios históricos de la región. Los expertos del Programa de Zoonosis provincial advierten que este fenómeno no es aleatorio, sino que responde a una combinación de factores ambientales que han alterado el hábitat natural de la especie.
Uno de los motivos principales es el fenómeno de la “antropización” del entorno, donde la expansión de la frontera agrícola y urbana reduce el espacio de caza de los ofidios, obligándolos a buscar refugio en patios, jardines y áreas periurbanas. Asimismo, la inestabilidad en los niveles de los ríos y las olas de calor extremas han modificado los ciclos de reproducción y actividad de las yararás, volviéndolas más activas en horarios y lugares donde anteriormente no se registraban avistamientos. “Estamos viendo ejemplares en zonas de balnearios y campings con una frecuencia inaudita”, señalaron fuentes del sector salud.
Ante este panorama, el Ministerio de Salud provincial ha reforzado la distribución de suero antiofídico en los hospitales de cabecera y centros de salud rurales, considerados los puntos de mayor riesgo. Los especialistas enfatizan la importancia de la rapidez en la atención: una mordedura de yarará requiere tratamiento médico inmediato para evitar complicaciones graves como necrosis del tejido, hemorragias o insuficiencia renal. La recomendación oficial es clara: ante un ataque, no realizar torniquetes ni succionar la herida, y trasladar al paciente al centro de salud más cercano.
Además de las medidas médicas, se ha iniciado una campaña de concientización para la población rural y los turistas que visitan la zona de islas y costas. Se sugiere el uso de calzado alto o polainas en zonas de vegetación densa, mantener los alrededores de las viviendas limpios de malezas y escombros (donde suelen anidar) y, fundamentalmente, no intentar manipular ni matar al animal, ya que la mayoría de los ataques ocurren cuando la serpiente se siente acorralada.
El desafío para 2026 será monitorear si esta tendencia alcista se estabiliza o si requiere cambios estructurales en la prevención. Por el momento, Entre Ríos se mantiene en estado de vigilancia activa, instando a la población a convivir con precaución con la fauna autóctona en un contexto donde el equilibrio ecológico parece haberse roto, acercando peligrosamente a una de las especies más venenosas del país a la vida cotidiana de los ciudadanos.