El mate al volante ahora cuesta medio millón: la millonaria multa que sacude a los conductores

Una provincia argentina ha decidido endurecer los controles viales prohibiendo taxativamente el consumo de mate mientras se conduce. Con multas que alcanzan los $500.000, la medida busca reducir las distracciones al volante y se apoya en normativas de seguridad que exigen mantener ambas manos en el control del vehículo.

Lo que para millones de argentinos es un hábito cultural inseparable de los viajes por carretera, se ha convertido en el foco de una de las sanciones viales más costosas del país. La provincia de Mendoza ha ratificado la vigencia de su reglamentación que penaliza a quienes manipulen elementos que impidan el correcto dominio del rodado, poniendo al mate en el centro de la escena. Según la Ley de Seguridad Vial 9024, el conductor debe mantener en todo momento el control del vehículo con ambas manos, una exigencia que choca de frente con la tradición del “mate rutero”.

La lógica detrás de la sanción de $500.000 trasciende la simple prohibición de una infusión. Las autoridades de tránsito argumentan que el acto de cebar, sostener el termo o recibir un mate implica una distracción cognitiva y física equivalente, en muchos casos, al uso del teléfono celular. Ante una maniobra de emergencia, el tiempo de reacción se ve seriamente comprometido si el conductor tiene una mano ocupada, sin mencionar el riesgo adicional de quemaduras por derrames de agua caliente, lo que podría derivar en una pérdida total del control y consecuencias fatales.

Para el conductor promedio de más de 30 años, habituado a largos trayectos donde el mate funciona como un aliado contra la fatiga, la medida resulta drástica. Sin embargo, los peritos en accidentología vial son contundentes: la seguridad no admite excepciones culturales. La normativa vigente establece que los conductores deben “circular con cuidado y prevención”, y cualquier actividad que interfiera con esta premisa es considerada una falta grave. El elevado monto de la multa actúa como un mecanismo de disuasión económica en un contexto donde los siniestros viales siguen siendo una de las principales causas de mortalidad en el país.

La contradicción surge en la práctica cotidiana. Mientras que la ley nacional no prohíbe explícitamente el mate, otorga a las jurisdicciones la potestad de interpretar qué constituye una conducción peligrosa. En Mendoza, la interpretación es restrictiva y la vigilancia se ha intensificado en los corredores turísticos. Esta situación obliga a quienes transitan las rutas mendocinas a replantear sus hábitos: la recomendación oficial es realizar paradas periódicas para descansar y disfrutar de la infusión fuera del vehículo, priorizando la seguridad civil por sobre la comodidad del trayecto.

Este endurecimiento de los controles en 2026 marca un precedente que otras provincias podrían seguir. La discusión sobre los límites de la libertad individual frente a la seguridad colectiva vuelve al centro del debate público. Por ahora, el mensaje de las autoridades es claro: el mate es un placer que debe esperar a la banquina o al parador, ya que un descuido de segundos puede costar no solo una cifra millonaria, sino la integridad física propia y ajena.

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