La paciencia tiene fecha de vencimiento. Pedro A. Antenucci analiza el blindaje político de Javier Milei en la mitad de su mandato y la fragilidad del apoyo que espera resultados tangibles en solo “un año más”.
La paciencia tiene fecha de vencimiento. Pedro A. Antenucci analiza el blindaje político de Javier Milei en la mitad de su mandato y la fragilidad del apoyo que espera resultados tangibles en solo “un año más”.

Al cumplirse dos años de gestión de Javier Milei, los datos de nuestro último estudio nacional de diciembre de 2025 arrojan una configuración de la opinión pública que contradice las series históricas tradicionales. Observamos un fenómeno de desacople: el deterioro de la economía doméstica no se traduce en un debilitamiento de la imagen del Presidente.
Las cifras son elocuentes. Un 51% de los argentinos afirma que su situación personal está peor que cuando asumió el gobierno y un 61% considera que las medidas económicas lo afectan negativamente. Sin embargo, la imagen positiva del Presidente se sostiene en un 53%, y un 48% de la población sigue validando el rumbo de la gestión como “correcto“.
Para comprender esta dinámica es necesario desagregar la composición de este apoyo y analizar las variables que explican por qué el malestar económico no ha derivado aún en un castigo electoral.
A diferencia de otros procesos de ajuste en la historia argentina reciente, la base de sustentación del oficialismo no se apoya en resultados inmediatos de bienestar, sino en una validación de las expectativas.
Nuestros estudios cualitativos revelan que gran parte del electorado oficialista ha resignificado el deterioro económico. No se percibe como un error de gestión, sino como un costo inevitable del “sinceramiento“.
Esta narrativa es eficiente: ante la pregunta sobre la capacidad del Presidente, un 50% sostiene que “sabe cómo resolver los problemas“, aunque un segmento importante (16%) aclara que “no lo deja la casta“.
Esta percepción de obstrucción externa funciona como un amortiguador del descontento. Permite que la responsabilidad de la crisis (específicamente la pobreza y la desocupación) se diluya: un 32% culpa a “ambos gobiernos” y un 29% a la gestión anterior, dejando al gobierno actual con una carga de responsabilidad exclusiva minoritaria del 19%. Además, para el núcleo duro, los “palos en la rueda” de la casta y el Congreso justifican la demora en los resultados.
Sin embargo, la estabilidad de estos números esconde una fragilidad estructural. Al analizar el 36% que se declara “apoyo al gobierno“, observamos distintos perfiles dentro de los oficialistas.
Existe un “núcleo duro” (72% de los oficialistas) dispuesto a acompañar hasta el final del mandato, pero emerge un 24% de votantes propios que condicionan su apoyo: están dispuestos a esperar solo “un año más” hasta ver resultados.
Este segmento funciona como una señal de alerta temprana. Es un votante que valida el rumbo macroeconómico y la baja de la inflación (que ya no es la principal preocupación, ubicada en un lejano 9%), pero que empieza a sentir la asfixia en la economía real, donde la pobreza (19%) y la desocupación (17%) encabezan la agenda de problemas. La paciencia de este sector no es ideológica, es pragmática.
La última variable que explica el sostenimiento de Milei es la ausencia de una alternativa competitiva. La polarización emocional persiste —un 38% siente esperanza/confianza frente a un 36% que siente bronca/enojo—, pero el rechazo al gobierno no encuentra cauce institucional.
Ante la consulta sobre el liderazgo opositor, la respuesta mayoritaria (44%) es “Ninguno“. Ni Axel Kicillof (24%) ni Cristina Kirchner (23%) logran capitalizar el malestar social.
Esto se refleja en el escenario electoral de 2027: una proyección lineal de un hipotético escenario de balotaje entre La Libertad Avanza y una alternativa peronista terminaría en un resultado muy similar al de 2023, 57-43 en este caso contra el 56-44 que ocurrió en aquella ocasión.
En conclusión, llegamos a la mitad del mandato con un gobierno que conserva la iniciativa política no por la bonanza económica, sino por la ineficacia de la oposición para capitalizar el descontento. La incógnita para la segunda mitad de su gestión es si el gobierno logrará mostrar resultados tangibles antes de que se venza el plazo que le ha otorgado el segmento más pragmático de sus votantes.
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