Sin goles, ni goleadores el fútbol argentino seguirá en silencio

Entre las tantas razones que hacen ver al fútbol de Europa ya lejos en el nivel del nuestro de cada día, los goles y los goleadores son una rama que tapa el bosque del asunto.

Leonardo Peluso – Periodista

Si no hay goles que no haya nada se podría gritar a los cuatro vientos a la hora de ver un partido de fútbol. Pero por estos barrios no van a escuchar esa canción porque el fútbol argentino está empecinado a propósito o por default en errarle al arco, patear al bulto o simplemente darle otro pase más a un compañero. La cantidad de partidos que terminan 0-0, 1-0 o a lo sumo 2-0 con un gol sobre la hora es asombrosa y no es casual que el promedio de gol de casi todos los equipos no supera los 2 puntos y para encontrar un 3 goles en un partidos hay que escarbar en el 19 por ciento de los partidos. Demás está hacer coros con el milagro de una goleada.


Desde que se fueron Lautaro Martínez y Julián Álvarez, ya hace algunos años, emulando los tiempos de Martín Palermo o Javier Saviola o Hernán Crespo y Batistuta, el fútbol argentino parece que tiene la pólvora mojada ya desde las inferiores. Y si asoma alguno con cierta rima con el gol medio que lo venden casi en los tiempos de los cochecitos y la chocolatada.


Este año entre los equipos de primera no hay un solo jugador que haya superado la marca de más de un gol por partido o que al menos se haya acercado al 75 por ciento. Adrián Martínez anduvo cerca pero el resto poco que contar. River padeció con Borja que se fue libre, Boca arañó algo con Merentiel pero fue un lío con Giménez y Cavani, Carrillo salvó algo en el final con Estudiantes, Independiente medió que con Ávalos hizo como que y así con todos.


Cuesta encontrar un 9 en el fútbol argentino desde hace muchos años. No hay nombres que gatillen e impacten en la taquilla. Si a cambio el fútbol ofrecería goles desde otras posiciones podríamos estar pensando en un cambio del modo de juego o de formas tácticas. Pero cómo se hacen pocos goles está claro que el asunto es que el semillero no está bien fertilizado.

 
La terrible demanda hace que por ejemplo en River un tal Bruno Cabral que tiene 15 años y viene de ser goleador en la Messi Cup y en el primer Sudamericano Sub 15 ya casi lo querían llevar a la pretemporada de primera. O que en todos los equipos, los cronistas de los clubes, a diario, repitan la frase tal DT quiere un 9 goleador. Esa raza que no mucho tiempo atrás salía de entre las comisuras de los adoquines ahora parece un fruto exótico.

 
Quizá sea tiempo que en lugar de enredarse en polémicas y discusiones sobre los dirigentes, la SAD, las cuentas bancarias de Tapia, el mate de Messi, lo turbio del VAR y los torneos arreglados, el fútbol argentino se ponga a debatir porque se juega tan mal y básicamente porque no hay ni goles ni goleadores. Sin eso, lo otro va a ser un sin sentido.

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