En un año de alto voltaje político, Paulino Rodrigues reivindica el rigor periodístico frente a la polarización. Una charla sobre el desafío de informar en tiempos de algoritmos, el valor de la escucha y la vigencia de la democracia.
En un año de alto voltaje político, Paulino Rodrigues reivindica el rigor periodístico frente a la polarización. Una charla sobre el desafío de informar en tiempos de algoritmos, el valor de la escucha y la vigencia de la democracia.

Entre viajes, coberturas y un año que define como “intenso”, Paulino Rodrigues repasa la actualidad con la calma de quien confía en su oficio. Habla de libertad, del impacto de las redes, de la necesidad de escuchar al otro y de cómo el periodismo sigue siendo, pese a todo, un ancla para entender la realidad.
Paulino, antes de entrar en la actualidad, quiero saber cómo estás terminando vos, en lo personal y en lo laboral, este año tan movido
Muy bien, dando las estocadas finales a un año intenso, políticamente de alto voltaje y con mucho trajín en términos periodísticos, de charlas y de viajes al interior. Ha sido un muy buen año, trabajando de lo que a uno le gusta, de lo que apasiona, para lo cual uno cree haberse preparado. Me siento un privilegiado de poder hacer lo que me gusta, en un medio en el que me siento cómodo, en libertad. Y es mucho para estos tiempos, donde muchos trabajan de lo que no les gusta pero lo necesitan por lo económico, o trabajan de lo que les gusta pero no pueden hacer lo que quieren porque hay límites o restricciones. Soy un agradecido y me siento un privilegiado.
Ahora que mencionás lo de trabajar con libertad, que por suerte aún podemos destacar: ¿cómo hacés para trabajar tranquilo en esta polarización tan fuerte que atraviesa a los medios y a la información?
Primero, siendo consecuente conmigo mismo. Segundo, no apartándome un ápice de lo que creo que es el rigor periodístico que todos debemos tener. La equidistancia con el poder necesaria para un análisis equidistante y objetivo. Y también entrevistando a personas que piensan distinto, incluso distinto a mí, porque eso me enriquece y creo que enriquece a la sociedad. La democracia se construye con el otro, no cancelando al otro.
¿Y qué desafíos tenés a la hora de ejercer el periodismo en esta era donde, dependa lo que digas, podés quedar “de un lado” o “del otro”? Teniendo en cuenta que muchas veces esas agresiones o presiones vienen desde el gobierno nacional
Mientras yo dé información y ejerza el periodismo con los atributos que mencionaba antes, voy a tener la conciencia tranquila. Esa es mi hoja de ruta. Me frustro cuando no fuimos rigurosos, cuando algo que quería decir no entró. Pero eso es fruto del apasionamiento y de las ganas de comunicar. No hago un culto de las discusiones, no las tomo personales. El poder, en general, siempre intenta restringir o limitar información que no le conviene, y es válido. También es válido saltar ese cerco y comunicar lo que otros no quieren: esa es la tarea madre del periodismo.

¿Qué análisis hacés de esta era en la que gran parte del consumo de noticias pasa por redes sociales? Ya no es sólo un noticiero o la radio: las redes polarizan, generan fake news… ¿Cómo ves esa transformación y qué creés que hay que hacer para combatir la desinformación?
Uno no puede ir contra la corriente ni rebelarse frente a las nuevas formas. Describen un mundo, una manera de entrar a la información. No lo determinamos vos o yo, lo determina un ecosistema. Los algoritmos buscan darnos cosas que nos gustan para que nos quedemos dentro de las redes. Refuerzan nuestros sesgos de confirmación. Y entonces creemos que ese “metro cuadrado” que construimos es el metro cuadrado del conjunto de la sociedad, y no es así. Paradójicamente, cuando la información está más masificada que nunca, los algoritmos restringen el acceso. Depende del apetito de cada uno buscar lo distinto, lo opuesto, algo que me haga reforzar mi convicción o corregirla.
Antes había otras restricciones: poca diversidad, poca atomización. Lo que se decía era casi palabra santa. No me peleo con los instrumentos; intento comunicar de la forma más asertiva posible con los límites que hay.
O sea, usar las redes a favor y no pelearse con ellas…
Usarlas como creo que deben usarse. No hago un culto a las redes sociales, no me va la vida ahí. Tiendo a chequear lo que aparece. No cambio mi postura profesional por lo que pasa en redes, pero tampoco puedo desconocerlas.
Esta entrevista seguramente tenga posteos, fragmentos, cosas chiquitas, porque es el tiempo en el que vivimos. No es el tiempo de largas lecturas o de observar a alguien diez minutos. Son instantes, fragmentos, segundos. Miramos títulos, no me puedo pelear con eso.
Siguiendo esa línea: hay muchas agresiones digitales a periodistas. ¿Creés que es una nueva forma de disciplinamiento?
No sé si disciplinamiento, quizás embarrar e igualar a todos, contrarrestar opiniones desfavorables al poder. Son los instrumentos actuales para lo que el poder históricamente quiso: acallar, menguar, limitar márgenes de crítica. Contra eso peleamos los periodistas desde siempre.
Hay una “berretización”, una degradación del debate público, que impregna incluso la lógica comunicacional de los gobiernos.

Y en lo personal, ¿te enganchas con los comentarios negativos en redes?
No todos son haters o bots. Puede haber opiniones genuinas que te permitan revisar algo. En general, cuando veo hate, que pasen y listo, no me engancho. Trato de apartarme de eso porque creo que los periodistas no somos la noticia: la noticia es la que contamos.
Yendo a la actualidad, me gustaría que me hagas un análisis de cómo se está viviendo el clima político y social en Argentina hoy
En términos generales, la Argentina estaba huérfana de liderazgo. Emergió un liderazgo omnipresente en la elección del 26 de octubre: Javier Milei, una nueva categoría de la política argentina. Hizo de su debilidad una fortaleza: la debilidad frente a Massa, la debilidad frente a lo que podía pasar si perdía. Logró que el temor jugara a su favor y desde ahí aglutinó fortaleza. Ahora debe validar títulos desde lo positivo. La próxima elección será Milei sí o Milei no, ya no será kirchnerismo sí o no.
Tiene que lograr que un sector mayoritario le dé una segunda oportunidad. Hay un sector esperanzado para el cual Milei significó una esperanza perdida y ahí se explica su voto en regiones donde el no peronismo nunca fue exitoso: norte argentino, Patagonia.
Y por otro lado, fue el abrazo ideológico de un sector que no quería más peronismo todo eso gestó el “producto Milei”.
En una sociedad frustrada, con ira acumulada, enojo, una economía estancada más de diez años, sin empleo genuino, con distribución del ingreso magra, degradación del espacio público, de la educación, de la salud. Cuando él gritaba, era la sociedad la que gritaba. Cuando él se peleaba con lo constituido, era la sociedad que quería pelearse porque lo conocido era parte del problema. Es un emergente novedoso de la política que llega a Presidente sin trayectoria tradicional. Una rareza total.
Y mirando hacia adelante, ¿qué periodismo creés que necesita hoy el país?
El mismo que necesitamos ayer y necesitaremos mañana: riguroso, que alumbre la verdad, que cuente noticias, que interpele al poder y a los poderosos.
En lo personal, ¿hay algo que quieras concretar de acá a diez años? ¿Algún proyecto fuera del periodismo?
Tengo proyectos todo el tiempo. Me encanta la vida: los planes con mi hija, viajar, recorrer, producir, conocer cosas diferentes, emprender. No tengo una meta pendiente, estoy a buenas conmigo. Hoy estoy muy contento pudiendo hacer lo que me gusta, eso es clave.
En medio de un clima social cargado de incertidumbres y debates intensos, Paulino Rodrigues vuelve a recordar que el periodismo también puede ser un espacio de encuentro. Habla de rigor y de no perder la calma aun cuando las redes empujan al ruido. Pero entre líneas aparece algo más: la idea de que informar sigue siendo un acto de servicio, una forma de acompañar a una sociedad que busca entenderse.
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