La elección de Pollack no es casual. Con más de 30 años de experiencia en casos de alto impacto y seguridad nacional, el abogado es una figura central en los tribunales de Washington y Nueva York. Su mayor hito reciente fue el acuerdo con el Departamento de Justicia de EE. UU. que permitió a Julian Assange quedar en libertad tras declararse culpable de un solo cargo menor. Esta capacidad para negociar salidas en escenarios aparentemente “imposibles” es lo que Maduro busca capitalizar ante una acusación que incluye el apoyo logístico a carteles de la droga y el uso de instituciones estatales para el crimen transnacional.
Además de su labor con Assange, Pollack tiene un historial impecable en delitos de guante blanco. Fue uno de los pocos abogados en obtener una absolución total para un ejecutivo de Enron tras el colapso de la firma y ha liderado casos de exoneración para personas condenadas injustamente, como Martin Tankleff. Como socio del bufete Harris St. Laurent & Wechsler, su enfoque combina un profundo conocimiento financiero —es contador público— con una destreza natural frente a los jurados. Se espera que su estrategia inicial se centre en la impugnación del arresto, apelando a la inmunidad de soberanía de Maduro como presidente en ejercicio.
Por su parte, Cilia Flores contará con la representación de Mark Donnelly, un exfiscal del Departamento de Justicia con amplia trayectoria en investigaciones de fraude y lavado de dinero. Donnelly, quien dirigió divisiones clave en la fiscalía federal, aporta el conocimiento interno del sistema acusatorio estadounidense para defender a la “primera combatiente”, señalada por facilitar sobornos y operativos criminales desde 2007. Ambos abogados conforman un equipo de élite para una batalla legal que, por su peso geopolítico, definirá las reglas de la justicia internacional en las próximas décadas.
El juez Alvin K. Hellerstein, a sus 92 años, será el encargado de moderar este duelo legal. Con una reputación de independencia inquebrantable, Hellerstein supervisará un proceso donde la defensa ya ha adelantado que considera los cargos como “selectivos y motivados políticamente”. Mientras el mundo observa el desarrollo de la audiencia en Manhattan, la incorporación de Pollack eleva la apuesta de Maduro, transformando el juicio penal en una partida de ajedrez diplomático donde cada moción jurídica tendrá repercusiones en la estabilidad de toda la región.