La caída de una dictadura es un hecho que difícilmente pueda calificarse como una mala noticia, pero los métodos y sus derivaciones geopolíticas abren interrogantes inquietantes. Para el politólogo Andrés Malamud, el operativo militar de Estados Unidos en Venezuela no representa necesariamente el inicio de una primavera democrática, sino el tránsito hacia una forma de dependencia colonial. Bajo el título “Venezuela, de dictadura a colonia”, el académico sostiene que lo que hoy se celebra como una liberación podría consolidarse como una pérdida definitiva de la soberanía nacional.
El análisis de Malamud pone el foco en la naturaleza de la intervención liderada por Donald Trump. Lejos de buscar el restablecimiento inmediato de la institucionalidad reconociendo a Edmundo González Urrutia, la Casa Blanca parece más interesada en aplicar la Doctrina Monroe para expulsar influencias extrarregionales. La decisión de Trump de “hacerse cargo” del país y de su infraestructura petrolera sugiere que la prioridad de Washington no es el voto popular del pasado julio, sino la instauración de un gobierno adicto que garantice el control de los recursos estratégicos en su “patio trasero”.
Un punto central en la advertencia de Malamud es el quiebre del derecho internacional. El hecho de que una potencia pueda invadir un país y llevarse a su presidente esposado, sin mediación de organismos multilaterales, sienta un precedente que el politólogo califica como “inquietante”. En este nuevo orden mundial, el multilateralismo parece haber sido reemplazado por la ley del más fuerte, donde las democracias débiles quedan expuestas a la voluntad de líderes extranjeros que actúan bajo criterios de eficacia militar y beneficio económico propio.
La contradicción más dolorosa que resalta el autor es la marginación de la sociedad civil venezolana en su propio proceso de cambio. Citando el desconcierto de quienes lucharon durante años contra el chavismo, Malamud describe el “bajón” de pasar de un régimen opresor a un país tutelado. La paradoja radica en que, mientras se celebra el fin de la dictadura, el futuro de Venezuela se discute hoy en los despachos de Mar-a-Lago, dejando a los ciudadanos como espectadores de una reconfiguración geopolítica donde su voluntad parece ser un efecto colateral.
El análisis invita a reflexionar sobre el costo de los resultados rápidos en política internacional. Si bien el operativo fue un modelo de precisión estratégica, sus consecuencias podrían derivar en un reequilibramiento autoritario o en una transición prolongada bajo vigilancia externa. Para Malamud, el riesgo es que el aplauso a la ilegalidad en nombre de una “buena causa” termine erosionando las bases de la democracia regional, dejando a los pueblos indefensos ante los intereses de las grandes potencias en un mundo que ha dejado de regirse por norm