La capital argentina cerró el tercer tramo del año pasado con una mejora del 4,7% en su desempeño económico, acumulando un avance del 5,2% durante el ciclo 2025. Según los datos revelados este jueves 8 de enero por el IDECBA, el distrito ha logrado revertir la fuerte retracción sufrida el año previo. Este repunte se apoya de manera desmedida en el sector de servicios monetarios, el cual exhibió un salto del 33% interanual, la cifra más elevada registrada para este rubro en las últimas dos décadas. Expertos del gobierno local estiman que, de mantenerse esta inercia, se habrán compensado la totalidad de las pérdidas productivas padecidas durante 2024.
A pesar de la cifra positiva global, el informe técnico advierte que el crecimiento carece de una base diversificada. Mientras que la logística de mercaderías y el desarrollo de software permitieron subas moderadas en transporte y servicios empresariales, otras ramas vitales muestran signos de estancamiento o retroceso. La industria fabril, golpeada por la baja en la producción de ropa, cayó un 2,2%, mientras que la generación de energía y el suministro de agua sufrieron una contracción de dos dígitos. Incluso actividades generadoras de empleo directo, como la construcción y la gastronomía, aportaron valores negativos al índice final del trimestre.
La relevancia de las entidades bancarias y el mercado de capitales fue determinante, aportando casi cuatro de los cinco puntos de crecimiento total de la ciudad. Este fenómeno guarda una estrecha relación con la coyuntura nacional informada por el INDEC, donde la volatilidad financiera y la brecha entre los rendimientos de inversión y las tasas de referencia potenciaron los balances del sector. En este contexto, la recuperación del consumo en los comercios locales apenas alcanzó para sumar una mínima fracción al Producto Geográfico Bruto, evidenciando una brecha persistente entre el éxito del sistema financiero y la realidad del sector manufacturero y de servicios personales.
Para este 2026, las proyecciones del mercado han corregido al alza las expectativas nacionales, situando el crecimiento anual cerca del 4,4%. Sin embargo, la dependencia porteña de los agentes de bolsa y las sociedades de inversión plantea un interrogante sobre la sostenibilidad del modelo a largo plazo. Las autoridades subrayan que, aunque la medición desestacionalizada muestra una mejora del 1,4%, la fragilidad estructural de las pequeñas y medianas empresas frente a los elevados costos de los servicios públicos sigue siendo el principal obstáculo para que la bonanza financiera se traslade de forma equitativa a todos los barrios de la capital.