Especialistas del sector energético coinciden en que el problema no responde a una única causa, sino a una combinación de infraestructura saturada, crecimiento del consumo residencial —principalmente por el uso de aire acondicionado— y un esquema de generación altamente centralizado. En este contexto, las energías renovables aparecen cada vez más como una herramienta concreta para reducir el impacto de estas crisis.
Desde el punto de vista del sistema general, la generación distribuida, especialmente la solar, permite que parte de la demanda se cubra localmente. Cuando hogares, comercios e industrias generan su propia energía, la carga sobre la red disminuye en los momentos críticos, lo que ayuda a reducir la probabilidad de colapsos y cortes masivos.
A este esquema se suma un componente clave a nivel domiciliario: el uso de baterías en instalaciones particulares. A diferencia del suministro tradicional, estos sistemas permiten a hogares y comercios almacenar energía para uso propio y contar con respaldo durante los cortes. De esta manera, los usuarios pueden mantener servicios esenciales y evitar daños en equipos eléctricos sensibles ante interrupciones del servicio.
En viviendas y pequeños comercios, los sistemas solares con baterías permiten atravesar los cortes con mayor previsibilidad. En muchos casos, la motivación ya no es únicamente el ahorro económico, sino la continuidad operativa y la tranquilidad frente a fallas del suministro.