El regreso de Javier Milei al país tras su participación en Davos no contempla descansos. Con la mirada puesta en la batalla legislativa por la reforma laboral, el mandatario nacional ha decidido retomar su contacto directo con la ciudadanía mediante una visita estratégica a Mar del Plata. La cita central será el próximo martes 27 de enero, cuando participe del encuentro conocido como “Derecha Fest”, un evento que ya se ha convertido en un hito para la militancia de La Libertad Avanza (LLA) y que busca exhibir la vitalidad del movimiento en pleno corazón turístico.
La gira, denominada informalmente como el “Tour de la Gratitud”, no es un movimiento azaroso. El Gobierno califica la actual temporada veraniega como “exitosa” y el Presidente busca capitalizar políticamente los indicadores de consumo y ocupación hotelera. Se especula con una recorrida exprés por centros comerciales, como la Avenida Güemes, donde Milei planea mostrarse en contacto con turistas y comerciantes. Esta “bajada al territorio” se produce en un momento clave, sirviendo como contrapunto a la imagen de estadista global proyectada en Suiza junto a líderes mundiales y el propio Gianni Infantino.
A diferencia de otras excursiones, en esta ocasión el jefe de Estado no se alojaría en la residencia oficial de Chapadmalal, sino en un hotel céntrico, reforzando esa estética de “cercanía” que marcó sus días de campaña. La agenda en “La Feliz” es solo la primera parada de una serie de visitas provinciales que incluirán a Santa Fe, Mendoza y La Rioja durante el mes de febrero. Desde el entorno presidencial aseguran que la intención es sostener al menos dos recorridas mensuales por el interior del país para blindar el armado territorial de cara a las elecciones presidenciales de 2027.
Sin embargo, el viaje también tiene un componente de gestión y negociación política. Mientras Milei camina por la costa, en los despachos de Buenos Aires se terminarán de pulir los detalles de la reforma laboral que el Ejecutivo enviará al Congreso para sesiones extraordinarias. El Presidente utiliza estas salidas para medir el “termómetro social” y enviar un mensaje de austeridad y pragmatismo, en un contexto donde cada gesto simbólico —como la reciente limitación de viáticos y pasajes en primera clase para funcionarios— busca mantener el crédito social frente al ajuste económico.