No sos vos, es la recesión sexual. Hoy, el ritual de apareamiento comienza con un scroll infinito. No es una percepción subjetiva: estamos en plena “recesión sexual”. Según investigaciones de la socióloga Jean Twenge basadas en la General Social Survey, los adultos actuales tienen sexo, en promedio, nueve veces menos al año que a finales de los 90.
En números más claros, en 1990, el 55% de los adultos de entre 18 y 64 años reportaba tener sexo semanalmente, mientras que en 2024 solo el 37% declaró mantener relaciones sexuales con esa frecuencia. ¿La razón? El deseo tiene un nuevo competidor: el refuerzo intermitente.
Las apps de citas utilizan mecánicas de casino donde el match funciona como una recompensa variable. Al no saber cuándo aparecerá el próximo perfil compatible, el cerebro se mantiene enganchado en un ciclo de dopamina. Para muchos, esa notificación es el fin del trayecto. El “crush” actúa como un logro de videojuego que valida nuestro atractivo de forma instantánea, eliminando la necesidad de concretar el encuentro físico para sentir que “ganamos”.
El “Efecto Gaming” y la parálisis por elección
Al convertir a las personas en una galería de avatares, la seducción entra en la lógica del consumo. Este efecto gaming genera lo que el psicólogo Barry Schwartz denomina la “paradoja de la elección”. Ante un catálogo que parece infinito, el costo de oportunidad de elegir a una sola persona se vuelve insoportable. Siempre existe la fantasía de que el próximo swipe desbloqueará un “personaje” con mejores estadísticas.
Esta búsqueda de optimización constante drena la libido. Un estudio de la Universidad de Viena sugiere que este formato de “galería” reduce la empatía y deshumaniza al otro, convirtiéndolo en un objeto digital. El resultado es la selección recreativa: usuarios que pasan horas en la app como quien mira un catálogo de Netflix, pero que carecen de la energía para ejecutar la acción real.