Cielo de cenizas: la “Luna roja” sobre Esquel anticipa una catástrofe

El avance descontrolado de los incendios forestales en Chubut ha teñido la atmósfera de un naranja apocalíptico. Con más de 45.000 hectáreas consumidas y el fuego acechando a la mítica cabaña de Butch Cassidy en Cholila, la región vive su crisis ígnea más severa en dos décadas.

La naturaleza en la cordillera chubutense ha dejado de ofrecer sus postales turísticas para mostrar un rostro aterrador. En las últimas horas, los habitantes de Esquel y Trevelin fueron testigos de un fenómeno visual perturbador: una “Luna roja” que se asomaba entre capas de humo denso y ceniza en suspensión. No se trata de un evento astronómico, sino de la trágica filtración de la luz solar a través de las partículas de combustión de miles de hectáreas de bosque nativo que, desde hace casi un mes, arden sin tregua en el Parque Nacional Los Alerces y sus alrededores.

El panorama es crítico. El fuego, que ya devoró un área equivalente a dos veces la Ciudad de Buenos Aires, se encuentra a tan solo 17 kilómetros del casco urbano de Esquel. En Cholila, la situación ha tomado ribetes dramáticos: las llamas rodean al pueblo y avanzan peligrosamente sobre sitios de valor histórico, como la cabaña donde se refugió el célebre bandido estadounidense Butch Cassidy. “Fue horrible, toda la montaña frente a La Pilarica se prendió fuego completamente”, relataron vecinos de la zona, quienes ven cómo el ganado se queda sin alimento y el ecosistema se reduce a carbón.

El combate contra el elemento ígneo es una lucha desigual contra el clima. Más de 500 brigadistas y medios aéreos operan en un terreno de pendientes pronunciadas y accesos imposibles, donde ráfagas de viento de hasta 80 kilómetros por hora anulan en minutos el trabajo de días enteros. “Los bomberos están cansados, es un agotamiento físico y moral”, confiesan desde el comando operativo. Aunque una tenue lluvia de 5 milímetros trajo un alivio momentáneo este martes, las autoridades advierten que se necesitan precipitaciones sostenidas de al menos 20 milímetros para considerar el fuego bajo control.

En respuesta a la magnitud del desastre, el Gobierno Nacional decidió extender mediante DNU la emergencia ígnea y declarar zona de desastre no solo a Chubut, sino también a Santa Cruz, Neuquén, Río Negro y La Pampa. Mientras los peritos investigan indicios de intencionalidad en varios focos, el cielo opaco y el sol mortecino sobre la Patagonia funcionan como una advertencia silenciosa. La región no solo está perdiendo su biodiversidad, sino que enfrenta el desafío de proteger la vida y el patrimonio ante una emergencia que, por ahora, parece imposible de frenar.

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