Divergencia en las políticas de empleo: los casos de México y Argentina

México y Argentina avanzan con reformas laborales opuestas. Mientras el Senado mexicano aprobó reducir la jornada a 40 horas para mejorar el bienestar del trabajador, el argentino dio media sanción a una flexibilización que prioriza la competitividad empresarial y el ahorro.

Presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum FOTO: (Xinhua/Presidencia de México)/NA.

Latinoamérica atraviesa una etapa de transformaciones profundas en sus marcos regulatorios de trabajo, evidenciando dos enfoques ideológicos contrapuestos. Mientras la administración de Claudia Sheinbaum en México prioriza el bienestar del empleado mediante la expansión de beneficios sociales, el gobierno de Javier Milei en Argentina impulsa un esquema de desregulación orientado a favorecer la competitividad del sector privado y la disminución de los gastos operativos para las compañías.

El modelo mexicano: hacia una semana laboral de 40 horas

El Senado de México ha ratificado una modificación constitucional de gran alcance al artículo 123, reduciendo la jornada máxima permitida de 48 a 40 horas por semana. Esta decisión garantiza que los trabajadores disfruten de dos jornadas de asueto por cada cinco de actividad, sin que esto repercuta negativamente en sus haberes mensuales. La normativa estipula que todos los beneficios y cotizaciones de seguridad social se mantendrán inalterados, calculándose sobre el ingreso total del personal.

Para evitar un impacto brusco en las pequeñas y medianas empresas, el proyecto contempla una transición paulatina. El propósito central es mejorar la salud emocional de la población y reducir el agotamiento crónico, ajustando la realidad nacional a los parámetros de la OCDE. Al ser un cambio de rango constitucional, el texto requiere ahora la validación de la mayoría de las legislaturas estatales para su implementación definitiva.

La estrategia argentina: adaptabilidad y reducción de riesgos

En contraste, la Cámara Alta de Argentina ha dado luz verde a una propuesta que busca dinamizar el mercado laboral mediante la flexibilización de las normas de contratación. La pieza clave de esta reforma es el “banco de horas”, un sistema que otorga a las empresas la facultad de promediar el tiempo de trabajo a lo largo de distintos periodos; esto permite compensar las horas adicionales trabajadas durante picos de demanda con descansos en temporadas de menor actividad, evitando el desembolso inmediato por horas suplementarias.

Asimismo, la iniciativa argentina introduce cambios sustanciales en la resolución de despidos:

  • Límites a los resarcimientos: se establecen techos para los montos indemnizatorios con el fin de otorgar certeza financiera al empleador.

  • Prevalencia de convenios locales: los acuerdos firmados a nivel de empresa tendrán prioridad sobre los contratos de alcance nacional, permitiendo ajustes específicos según la productividad de cada establecimiento.

  • Extensión de pasantías: se modifican los lapsos de prueba para las nuevas incorporaciones de personal.

Próximos pasos en los procesos legislativos

A pesar de que ambas normativas avanzan en sus respectivos congresos, el clima político en cada nación es distinto. En el país azteca, la reforma se percibe como una conquista social que ahora debe ser refrendada por las provincias. En el Cono Sur, la media sanción fue producto de un complejo tejido de alianzas donde el oficialismo debió moderar ciertos artículos, como el pago de licencias por salud, para asegurar los votos necesarios. El debate se trasladará ahora a la Cámara de Diputados argentina, donde se espera una fuerte resistencia por parte de sectores que denuncian una potencial erosión de la estabilidad del empleo formal.

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