La investigación por la trágica muerte de Sofía Devries, la turista de 23 años que desapareció mientras realizaba una práctica de buceo en el Golfo Nuevo, sumó una pieza clave. La autopsia realizada en las últimas horas confirmó que la causa del fallecimiento fue asfixia por sumersión. Según fuentes judiciales, el cuerpo de la joven oriunda de Moreno no presentaba signos de violencia ni lesiones externas que sugirieran un altercado o un golpe previo, lo que circunscribe el hecho a un accidente durante la inmersión.
El hallazgo del cuerpo se produjo este miércoles a 25 metros de profundidad, en una zona cercana al naufragio donde el grupo realizaba la certificación de un curso de buceo. Sofía formaba parte de una expedición de siete personas, compuesta por cinco alumnos y dos instructores. Según el relato de su pareja, identificado como “Leo”, ambos sufrieron un “accidente bajo el agua” que desencadenó la tragedia. Mientras él logró ascender de manera descontrolada para pedir ayuda, Sofía permaneció en las profundidades.
La Fiscalía de Puerto Madryn ahora pone el foco en los peritajes técnicos del equipo de buceo. Se busca determinar si el regulador de oxígeno funcionaba correctamente o si existió una falla en el chaleco compensador de flotabilidad. En paralelo, los investigadores analizan la hipótesis de una reacción de pánico exacerbada por la profundidad y las condiciones de visibilidad, lo que habría llevado a la joven a realizar una maniobra errática o a desprenderse de su boquilla de respiración.
El novio de la víctima, quien también debió ser asistido en un hospital local tras el ascenso de emergencia, utilizó sus redes sociales para expresar su dolor y lanzar duras críticas contra Prefectura Naval, cuestionando la rapidez del operativo inicial. Por su parte, la Justicia aún no ha dictado imputaciones, pero mantiene bajo la lupa la responsabilidad de la empresa operadora de buceo y el cumplimiento de los protocolos de seguridad vigentes para este tipo de actividades de riesgo en aguas abiertas.