En un desenlace que pocos proyectaban, la izquierda peruana retornó al Palacio de Gobierno de la mano de José María Balcázar Zelada. El experimentado legislador se impuso ante la candidata de derecha, María del Carmen Alva, en una votación decisiva del Congreso que lo ungió como presidente encargado. Balcázar tendrá la misión de conducir una transición de apenas cinco meses y medio, con el objetivo central de entregar el mando el próximo 28 de julio a quien resulte electo en los comicios generales del 12 de abril.
La asunción de Balcázar ocurre tres años después de la caída de Pedro Castillo, y su primera sombra política ya genera un sismo institucional: la posibilidad de un indulto presidencial para el exlíder hoy condenado. Antes de su elección, el flamante mandatario evitó cerrar la puerta a esta medida, señalando que “el sur pide su liberación”, en referencia al bastión electoral del destituido maestro rural. Esta postura despierta una profunda incertidumbre tanto en los sectores conservadores como en la propia izquierda, debido a los antecedentes de Balcázar y su sinuosa relación con el partido Perú Libre.
El perfil del nuevo presidente está cargado de controversias. Abogado de profesión, Balcázar fue apartado de la Corte Suprema tras cuestionamientos por modificar sentencias firmes. Más grave aún es su expulsión del Colegio de Abogados de Lambayeque, donde se le imputaron cargos por apropiación de fondos y defraudación. A esto se suman sus polémicas declaraciones de 2023, cuando en pleno debate sobre el matrimonio infantil sugirió que las relaciones sexuales a temprana edad beneficiaban el futuro psicológico de la mujer, dichos que le valieron el repudio de organismos internacionales.
Analistas locales, sugieren que su elección responde más al rechazo que generaba la figura de María del Carmen Alva que a un consenso real sobre las capacidades de Balcázar. La estrategia de Perú Libre logró posicionar a un “independiente” que, pese a sus roces con la cúpula partidaria, mantiene raíces en el marxismo. El desafío para este gobierno efímero será garantizar un clima de paz social y transparencia electoral en un país que ha tenido ocho presidentes en la última década.
Con una acusación por presunta corrupción vigente desde 2024 y un país sumido en una crisis institucional interminable, Balcázar asume el mando bajo la lupa de una sociedad agotada por la inestabilidad. La incógnita reside ahora en si el nuevo presidente priorizará la gestión de la transición o si utilizará su breve paso por el poder para ejecutar gestos políticos de alto impacto que podrían alterar definitivamente el escenario electoral peruano.