El poder de compra de los salarios en Argentina atraviesa uno de sus ciclos de mayor erosión histórica. Según un estudio elaborado por el economista Nadin Argañaraz, presidente del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), el salario real acumula un retroceso promedio que, en términos concretos, significa la pérdida de años enteros de ingresos para los trabajadores desde el año 2017.
La brecha es especialmente profunda en el sector público, donde la caída del poder adquisitivo alcanzó el 34%. Esto equivale a decir que un empleado estatal trabajó de forma gratuita durante 21 meses si se toma como referencia su remuneración de hace ocho años. En el sector privado formal, la merma es del 20%, lo que representa una pérdida de 16 sueldos. Sin embargo, el eslabón más débil sigue siendo el trabajador informal, quien ha resignado el equivalente a 29 salarios mensuales en el mismo período.
A pesar de que la comparación interanual frente a 2024 muestra una leve mejora estadística (4,8% en el sector privado y 3,9% en el público), los datos de diciembre de 2025 encienden alarmas. Según el INDEC, los salarios aumentaron apenas un 1,6% en el último mes del año, quedando por debajo de una inflación del 2,8%. Este desfasaje marca el cuarto mes consecutivo de caída real para el empleo registrado, consolidando una tendencia negativa en el último cuatrimestre del año pasado.
El informe vincula el deterioro reciente principalmente al fuerte ajuste en el sector público nacional bajo la administración de Javier Milei, aunque destaca que las provincias mostraron una recuperación dispar. Argañaraz advierte que la inflación alta continúa distorsionando los precios relativos y erosionando los ingresos, ya que son escasos los convenios colectivos —apenas 6 de los 27 principales— que lograron empatar o superar el avance de los precios en el cierre del año.
Para los especialistas, la desaceleración de la inflación es la única vía para devolver previsibilidad al bolsillo, aunque la recuperación actual sigue siendo frágil y heterogénea. Con un mercado laboral donde el 43,3% se desempeña en la informalidad, la brecha entre quienes logran actualizar sus haberes y quienes quedan rezagados ante la góndola continúa ampliándose, marcando un escenario de vulnerabilidad social persistente.