La odisea de Germán Sensi y Silvia Luna terminó el pasado viernes a las 16:45, cuando el Colegio Presencia de Devoto confirmó las vacantes para sus hijos menores. La noticia llegó en el límite del inicio del ciclo lectivo 2026, tras el cierre repentino del Instituto Formar Futuro, una decisión que dejó a la deriva a 300 alumnos y 50 docentes en el barrio de Villa Real.
El cierre de la institución, comunicado por correo electrónico el 26 de enero, no solo fue un golpe logístico sino que derivó en un conflicto judicial. La Procuración General de la Ciudad presentó una denuncia penal contra los dueños del establecimiento por presunta defraudación a la administración pública, vinculada al manejo de aportes estatales destinados a salarios docentes que no se abonan desde diciembre de 2025.
Para los Sensi Luna, la urgencia era doble debido a la compleja realidad de sus hijos:
Valentín (13): Es un adolescente trans con Certificado Único de Discapacidad (CUD) y un historial de salud mental que incluye internaciones psiquiátricas. Su padre destaca que, a pesar de los desafíos, la escuela siempre fue su eje fundamental.
Xiomara (11): Vive con la familia bajo un régimen de guarda con fines de adopción tras una historia de vulnerabilidad y el encarcelamiento de su progenitor. Para ella, mantener el vínculo escolar con su hermano era una condición innegociable.
La búsqueda de un nuevo colegio se convirtió en lo que Sensi describió como un “suplicio”, agravado por la burocracia y la falta de preparación de algunas instituciones para recibir alumnos con perfiles de salud mental complejos. La intervención de la Dirección General de Educación de Gestión Privada (Dgegp) fue determinante para destrabar la documentación y asegurar que ambos hermanos pudieran continuar su formación en el mismo establecimiento.
Finalmente, este lunes Xiomara pudo iniciar su ciclo lectivo, mientras que Valentín lo hará de forma progresiva según lo determine su equipo terapéutico. Aunque la familia reconoce venir “cascoteada” por un bienio de crisis personales y escolares, apuestan a la esperanza que ofrece el nuevo colegio para estabilizar una dinámica familiar que, desde la pandemia, funciona como un bloque de resistencia ante la adversidad.