La carne vuelve a presionar el IPC: el asado busca un nuevo punto de equilibrio

Un salto del 7% en la hacienda amenaza con sumar medio punto a la inflación de febrero.

Aunque la inflación general empezó a mostrar señales de desaceleración en 2025 tras un pico superior a 100% en años previos, los alimentos —y en particular la carne— mantuvieron presiones propias por encima del promedio,

El mostrador de las carnicerías se ha convertido, una vez más, en el termómetro más sensible de la economía doméstica. En la última semana, el valor de la hacienda en el Mercado Agroganadero de Cañuelas registró un incremento cercano al 7%, un movimiento que los analistas ya proyectan con preocupación sobre el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de febrero. Se estima que este reacomodamiento de precios podría aportar entre 0,3 y 0,5 puntos porcentuales a la inflación mensual, consolidando a la carne como uno de los rubros que más castiga el bolsillo de los consumidores.

La dinámica del mercado revela una oferta ajustada que choca contra expectativas de exportación renovadas. Mientras el kilo vivo pasó de los $4.700 a rozar los $5.500 en lotes especiales, la cadena de valor multiplica ese impacto hasta llegar al consumidor: con una media res que ya se ubica en torno a los $10.000, los cortes promedio en las góndolas comienzan a mirar de cerca la barrera de los $20.000. Este fenómeno no es aislado; en enero, la carne ya había subido un 4,9%, superando con holgura el índice general del 2,9%.

Detrás de estos números operan factores estructurales y coyunturales. Por un lado, la apertura del mercado estadounidense —que podría elevar el cupo de exportación a 100.000 toneladas— genera una competencia voraz por la hacienda de calidad, ya que los frigoríficos priorizan los valores en dólares. Por otro lado, la retención de animales en el campo se ha vuelto una estrategia rentable para el productor. Gracias a la buena disponibilidad de pasto por condiciones climáticas favorables, se prefieren estirar los ciclos de engorde a campo antes que enviarlos a faena, lo que genera una escasez inmediata de oferta.

Desde el sector, especialistas como Javier Preciado Patiño advierten que la carne está en un proceso de búsqueda de un equilibrio de precios que la demanda interna aún no termina de convalidar. Con un consumo per cápita que oscila entre los 45 y 50 kilos anuales, el margen de maniobra es estrecho. Las proyecciones indican que, de persistir la restricción de oferta, la carne podría terminar el año hasta diez puntos por encima de la inflación general, sin señales de alivio sustancial en el volumen disponible hasta el segundo semestre de 2026.

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