La lechería argentina atraviesa un escenario de contrastes que pone en jaque la sostenibilidad del eslabón primario. Según los últimos datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (Ocla), en enero de 2026 la facturación del tambo promedio registró una caída del 9,9% interanual en pesos constantes y del 14,1% si se mide en dólares. Esta situación se da en un contexto donde la producción no para de crecer —con un incremento proyectado de hasta el 6% para este año—, lo que genera un excedente que el mercado interno aún no logra absorber.
El deterioro de los márgenes se hace evidente en la relación insumo-producto. Hoy, un productor puede adquirir menos de 1,8 kilos de maíz por cada litro de leche, frente a los 2,2 kilos que lograba comprar hace apenas un año. Esta pérdida de poder adquisitivo frente al alimento y a las vaquillonas de reposición ha reducido la capacidad de cobertura de costos a niveles críticos. “La producción crece y el mercado interno no reacciona, lo que termina presionando los precios a la baja”, advirtió el consultor José Quintana, señalando que el excedente forzoso debe canalizarse hacia el exterior.
El mercado internacional, sin embargo, no ha sido un refugio seguro en los últimos meses. Durante el segundo semestre de 2025, el precio de la leche en polvo entera —el principal producto de exportación del país— sufrió una fuerte caída, oscilando entre los 3000 y 3200 dólares por tonelada. A esos valores, la industria asegura que el negocio exportador apenas logra cubrir gastos. Sin embargo, en las últimas semanas las subastas del Global Dairy Trade mostraron un rebote, ubicando el precio nuevamente por encima de los 3600 dólares, lo que genera una luz de esperanza para descomprimir la sobreoferta local.
Para los líderes del sector, como Ércole Felippa (CIL), el panorama actual deja al descubierto las ineficiencias estructurales de la cadena. Con un consumo per cápita de 181 litros que, aunque mejoró un 6,3%, sigue por debajo de los niveles de 2023, la dependencia del mercado externo es total. El desafío para 2026 será lograr que la recuperación de los precios internacionales llegue al bolsillo del tambero antes de que el desincentivo económico frene la inercia productiva que hoy sostiene al sector.