Claudio Jacquelin: “Paradoja mileísta”

Jacquelin analiza la paradoja de Milei: ostenta un control político total con récords de apoyo legislativo, mientras la economía real cruje. Pese al éxito de la reforma laboral, el cierre de 21.000 empresas y la desindustrialización amenazan la sustentabilidad del proyecto.

Claudio Jacquelin

La consagración del poder político

El reconocido editorialista, Claudio Jacquelin. analiza la llamativa mutación de Javier Milei: el economista que llegó al poder con un discurso antisistema inicia su tercer año de mandato con un “amplio control sobre la política”. Esta hegemonía se cristaliza en la inminente sanción de la ambiciosa reforma laboral, un logro impensado para una fuerza que cuenta con apenas un tercio de los senadores.

El autor destaca que el Gobierno ha pasado de confrontar con el “nido de ratas” a operar con una lógica transaccional y disciplinada, logrando que el 58% del Senado nunca vote en contra de sus iniciativas en general. Según Jacquelin, esta supremacía se ve favorecida por una “debacle perokirchnerista” y una oposición que, entre escándalos y posturas extremas, actúa como el mejor asistente del oficialismo. Citando el comportamiento errático de figuras como Ricardo Quintela o Florencia Carignano, el autor recurre a una máxima napoleónica: “El Gobierno hace silencio. Sigue al pie de la letra el consejo napoleónico de no interrumpir a los adversarios mientras se equivocan”.

El "ruido" en la economía real

Como contrapartida al éxito parlamentario, la economía muestra señales de fragilidad. Jacquelin advierte que, si bien hay crecimiento en sectores específicos, existe una tendencia alarmante en el tejido productivo: en 11 meses de 2025 cerraron más de 10.000 empresas. La desindustrialización no solo afecta a sectores tildados de “no competitivos”, sino que empieza a destruir empleos en áreas de energía y tecnología.

El editorialista señala que el refugio del cuentapropismo y las plataformas digitales parece haber llegado a un techo, mientras la preocupación por el empleo y el poder adquisitivo escala en las encuestas. A pesar de esto, el empresariado mantiene una actitud cautelosa, temerosa de los ataques presidenciales hacia los que Milei denomina “empresaurios” o “delincuentes”.

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