Organismos de derechos humanos, gremios y agrupaciones políticas se movilizan en un aniversario simbólico marcado por las críticas a la gestión de Javier Milei y el reclamo de justicia.
Organismos de derechos humanos, gremios y agrupaciones políticas se movilizan en un aniversario simbólico marcado por las críticas a la gestión de Javier Milei y el reclamo de justicia.

A medio siglo del golpe de Estado que cambió para siempre la historia argentina, la Plaza de Mayo volvió a convertirse en el epicentro de un reclamo que no pierde vigencia.
Bajo la consigna central “Que digan dónde están”, miles de personas comenzaron a concentrarse desde temprano frente a la Casa Rosada para conmemorar el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia en un clima de profunda carga simbólica y política.
El acto central, previsto para las 16:30, contará con la presencia de figuras históricas como Estela de Carlotto, “Taty” Almeida y Adolfo Pérez Esquivel. Se espera que los discursos pongan el foco en la actual gestión nacional.
El secretario general de ATE, Rodolfo Aguiar, fue tajante al rechazar la postura oficial sobre la “historia completa”: “A 50 años no hay nada que completar, nada que explicar. Sólo manifestar el más absoluto repudio a la dictadura genocida”, sentenció el gremialista.
La jornada está marcada por una fuerte oposición a las políticas de derechos humanos del presidente Javier Milei. Desde el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia (EMVJ), espacio que agrupa a organizaciones independientes, el documento fue lapidario: “A 50 años del golpe de 1976, frente al gobierno ultraderechista, negacionista y apologista de Milei, decimos: Son 30.000; fue y es genocidio”. Entre sus exigencias se destacan la apertura de los archivos de 1974 a 1983 y el esclarecimiento de la desaparición de Jorge Julio López.
Por su parte, la Unión Cívica Radical también sentó posición a través de su presidente, Lionel Chiarella, quien definió a la dictadura como “la forma más brutal de destrucción” del orden democrático. Chiarella advirtió que la democracia actual sufre deterioros contemporáneos y que recordar es insuficiente si no se protege el futuro.
Un componente distintivo de esta marcha fue la columna de La Cámpora. Miles de militantes iniciaron su tradicional caminata desde la ex ESMA, pero este año incluyeron una parada obligada en San José 1111, el domicilio donde cumple condena la ex presidenta Cristina Kirchner.
Desde la organización vincularon directamente la situación judicial de su conductora con la fecha: “Nuestra conducción está injustamente secuestrada y proscripta. La presidenta que más hizo por la memoria hoy está privada de su libertad con el aval de una fuerza política que visita a los genocidas en la cárcel”, afirmaron.
Así, entre consignas históricas y reclamos de coyuntura, Argentina atraviesa un 24 de marzo que demuestra que, a 50 años, la memoria sigue siendo un territorio en disputa.
La agencia espacial estadounidense prioriza la permanencia en la superficie lunar y pausa el proyecto Gateway para acelerar el retorno de astronautas.
El astro albiceleste se mostró junto al presidente de la AFA y rápidamente generó repercusión en redes sociales.
Según el último informe de CAME, el impacto económico alcanzó los $231.084 millones. La tendencia se volcó hacia escapadas de cercanía y actividades culturales gratuitas.
A sus 95 años, la referente de los derechos humanos repasa con crudeza el secuestro de su hijo, la complicidad eclesiástica y su paso de la fantasía de venganza a la construcción del “Nunca Más”.
Organismos de derechos humanos, gremios y agrupaciones políticas se movilizan en un aniversario simbólico marcado por las críticas a la gestión de Javier Milei y el reclamo de justicia.
El plantel albiceleste se entrena en el predio de Ezeiza con la mira puesta en los amistosos internacionales. Agustín Giay se suma a la lista ante la baja de Montiel.
El hombre de 74 años se encontraba en una embarcación que navegaba por el Pasaje de Drake.
Lo que una sociedad recuerda, y cómo lo hace, define sus horizontes de posibilidad. En un presente atravesado por la desinformación y la erosión del reconocimiento recíproco, la memoria emerge como una práctica central para reconstruir las condiciones de la democracia.