El debate sobre el consumo de sustancias en menores de 18 años volvió al centro de la escena tras la reciente tragedia en Santa Fe. Durante su columna en Infobae al Mediodía, Daniela Blanco remarcó que el alcohol no es una sustancia inofensiva para un cerebro en formación: “Interfiere en la actividad neuronal que está todavía en desarrollo y puede desencadenar enfermedades a lo largo del tiempo”, enfatizó.
| Estadísticas y Riesgos | Datos de Sedronar y Expertos |
| Consumo Precoz | 50% de jóvenes de 15 y 16 años ya probó alcohol |
| Efecto Entrada | El alcohol facilita el paso a la marihuana y otras drogas |
| Peligro en Guardias | La mayoría llega con “poliintoxicación” (varias sustancias) |
| Frecuencia | Consumo concentrado en fines de semana eleva riesgo de coma |
La “llave de oro” para otras drogas
Citando al doctor Carlos Damín, director del Hospital Fernández, Blanco explicó que el alcohol es el primer paso hacia el policonsumo. Al ser una sustancia desinhibitoria, el joven pierde el “filtro” social, lo que lo vuelve más vulnerable a aceptar otras drogas psicoactivas. “Cuando ves jóvenes que llegan a la guardia intoxicados, en general vienen poliintoxicados”, señaló la periodista.
El dilema de los padres: ¿Previa en casa?
Uno de los puntos más polémicos abordados por el equipo de Infobae fue la práctica de algunos padres de permitir el consumo de alcohol en sus hogares bajo el argumento de “controlar” lo que toman. Según expertos como Damín y Burgos, esta actitud es un error: naturaliza y legitima el consumo en una etapa donde legal y biológicamente no debería existir.
Fallas en el control y la ley
Aunque en Argentina está prohibida la venta de alcohol a menores, Blanco denunció que la norma no se cumple y que los controles en quioscos y boliches son insuficientes. Además, alertó sobre una práctica peligrosa de los locales nocturnos: expulsar a jóvenes intoxicados a la calle sin asistencia médica, lo que aumenta el riesgo de tragedias evitables en la vía pública.
La columna cerró con un llamado urgente a las políticas públicas y al diálogo familiar. No se trata solo de prohibir, sino de entender que el cerebro adolescente no tiene la capacidad psicosocial para regular el consumo moderado, convirtiendo a las “previas” en una trampa de salud pública con consecuencias permanentes.