Satélite argentino Atenea viaja a la Luna con la NASA

El microsatélite nacional despegará este miércoles a bordo de la misión Artemis II de la NASA. El desarrollo, coordinado por la CONAE y universidades nacionales, validará tecnología en el espacio profundo mientras el sector enfrenta mínimos históricos de inversión pública.

ATENEA viaja a la Luna con Artemis II. Foto: NASA.

La nave Orión de la NASA iniciará este miércoles su histórico viaje tripulado hacia la Luna desde el Centro Espacial Kennedy. En su interior, el satélite argentino ATENEA viajará como carga secundaria para cumplir una misión de validación tecnológica a 70,000 kilómetros de la Tierra, un hito de distancia para la industria aeroespacial del país.

Desarrollo federal y competencia global

El dispositivo es un CubeSat de 12 unidades, con un peso de 15 kilogramos. La propuesta argentina resultó seleccionada por la agencia estadounidense entre proyectos de casi 50 países.

De esta manera, Argentina es la única nación latinoamericana que integra la misión Artemis II, compartiendo el espacio de carga con desarrollos de Alemania, Corea del Sur y Arabia Saudita.

La fabricación del microsatélite requirió una articulación entre la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y múltiples instituciones. La Universidad Nacional de La Plata (UNLP) diseñó la plataforma, mientras que la Universidad de Buenos Aires (UBA) desarrolló el sistema de carga de baterías.

Por su parte, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) fabricó los paneles solares, y la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) aportó instrumentos para medir radiación espacial.

Objetivos técnicos en el espacio profundo

ATENEA operará en una órbita altamente elíptica. Su misión principal consistirá en probar la recepción de señales de navegación GNSS (GPS, Galileo y Glonass) por encima de la altura de las constelaciones de satélites actuales.

Según explicaron los responsables del proyecto, el equipo también evaluará el impacto de la radiación en componentes electrónicos y medirá sensores de baja luminosidad.

El microsatélite tendrá una vida útil operativa de aproximadamente 24 horas. Tras completar su primera órbita, la trayectoria lo llevará a reingresar en la atmósfera terrestre, donde se desintegrará por la fricción térmica.

Durante su breve actividad, transmitirá datos críticos a las estaciones terrenas de la CONAE ubicadas en Córdoba y Tierra del Fuego, validando enlaces de comunicación de largo alcance.

El contraste del financiamiento

Pese al logro tecnológico, el lanzamiento ocurre en un contexto de retracción para el sistema científico nacional. Informes sectoriales basados en el Presupuesto 2026 indican que la inversión en Ciencia y Técnica caerá un 7,2% real respecto al año anterior. Desde 2023, la función científica acumuló un descenso del 46,4% en términos reales, alcanzando un piso del 0,149% del Producto Bruto Interno (PBI).

Expertos vinculados al proyecto señalaron que, si bien la capacidad técnica y el conocimiento acumulado permitieron cumplir con los estándares de la NASA, la pérdida de competitividad salarial dificulta la retención de los equipos profesionales.

El éxito de esta misión plantea el interrogante sobre la sostenibilidad de futuros proyectos ante la falta de financiamiento continuo para los organismos y universidades involucradas.

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