Cómo cortarle las uñas a un gato sin hacerle daño

Un gato sano cuenta con 18 uñas que, si crecen demasiado, se enganchan en alfombras y muebles y pueden provocar lesiones en sus patas o arañazos a sus dueños, por eso conviene revisarlas y recortarlas cada dos o tres semanas.

El rascado representa un comportamiento instintivo esencial para los felinos, mediante el cual eliminan las capas exteriores muertas de sus garras para dar paso a estructuras nuevas y afiladas. Si bien la mayoría de los animales que tienen acceso al exterior mantienen sus uñas en una longitud adecuada mediante el desgaste natural, los gatos que habitan exclusivamente en hogares requieren de una supervisión humana constante.

Anatomía y necesidad del corte

Un gato promedio posee 10 uñas en las extremidades delanteras y ocho en las traseras. Según los especialistas, el crecimiento excesivo en ambientes domésticos no solo pone en riesgo la integridad de los muebles, sino que puede derivar en problemas de salud. Las uñas demasiado largas tienden a engancharse en tejidos, provocando roturas o desgarros.

El riesgo es mayor en los espolones —ubicados en la parte interna de la muñeca— y en gatos con polidactilia. Al no entrar en contacto con el suelo, estas garras no se desgastan y pueden curvarse hasta incrustarse en la almohadilla, lo que genera dolor intenso e infecciones bacterianas. En animales de edad avanzada, esta revisión debe ser más rigurosa debido a la disminución de su actividad física.

Técnica segura en el hogar

Para realizar el procedimiento sin estresar al animal, se recomienda habituarlos desde una edad temprana. El proceso no debe exceder los 10 minutos para evitar la impaciencia del felino. Es fundamental utilizar un cortauñas específico para mascotas, preferentemente en forma de tijera, que permite un corte preciso en un ángulo de 45 grados.

La clave de la seguridad reside en identificar el “rápido”, una vena interior de color rosado visible a contraluz. Los expertos sugieren cortar únicamente la punta afilada, manteniendo una distancia prudente de dicha terminación nerviosa para evitar hemorragias. Si el animal muestra resistencia, la desensibilización gradual y el refuerzo positivo con alimentos tras el proceso son herramientas eficaces para reducir la ansiedad.

El rol del rascador

La disponibilidad de rascadores es fundamental para que el gato satisfaga su necesidad de marcar territorio y liberar estrés. Estos elementos permiten que el animal gestione su propia higiene de forma autónoma. No obstante, si el dueño detecta uñas encarnadas o cambios en la conducta del gato al manipular sus patas, la consulta veterinaria es indispensable para recibir atención médica especializada.

 

 

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