el avance de los frutos secos y la ganadería en Mendoza desplaza a la vitivinicultura

La matriz productiva de Mendoza atraviesa una mutación profunda motivada por la retracción del consumo global de vino y la baja rentabilidad de las uvas convencionales. Ante este escenario, aproximadamente una décima parte de los agricultores de la provincia ha iniciado un proceso de reconversión hacia actividades con mayor demanda externa o mejores márgenes de …

La matriz productiva de Mendoza atraviesa una mutación profunda motivada por la retracción del consumo global de vino y la baja rentabilidad de las uvas convencionales. Ante este escenario, aproximadamente una décima parte de los agricultores de la provincia ha iniciado un proceso de reconversión hacia actividades con mayor demanda externa o mejores márgenes de ganancia. Desde la cartera de Producción local, se incentiva a los pequeños y medianos empresarios a diversificar sus inversiones, señalando que la adaptación a los nuevos hábitos de consumo —más orientados a la calidad que al volumen— es fundamental para la supervivencia del sector primario en territorio cuyano.

Esta transición se manifiesta en la erradicación de cepas antiguas para dar paso a plantaciones de pistachos, almendras y cerezas, cultivos que han triplicado su superficie en apenas tres años gracias a su perfil exportador. La cereza, en particular, destaca por su capacidad de producirse de forma temprana, permitiendo que Mendoza acceda a mercados como Estados Unidos y Europa antes que sus competidores regionales. Asimismo, rubros como la horticultura a gran escala para la industria del tomate y la producción de semillas híbridas ganan terreno, consolidando a la provincia como un polo técnico de referencia internacional, similar a regiones productivas de Australia o Sudáfrica.

Paralelamente, el sur mendocino experimenta un auge en la ganadería y el cultivo de forrajes. Gracias a la implementación de sistemas de riego presurizado, departamentos como San Rafael y General Alvear están logrando que la cría de ganado bovino sea competitiva, permitiendo que el ciclo de engorde se complete en origen y abastezca una mayor cuota del consumo interno de carne. Mientras la industria del vino se concentra en varietales de alta gama para sostener su prestigio, el campo mendocino abandona las estructuras rígidas del pasado para apostar por una oferta múltiple que incluye desde papas para procesamiento industrial hasta frutos secos, buscando mitigar los riesgos climáticos y la volatilidad de los precios internacionales.

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