Este martes, el gobierno minoritario de Ilie Bolojan finalizó tras diez meses de gestión. La moción de censura, impulsada por el Partido Social Demócrata (PSD) y apoyada por fuerzas de extrema derecha como la Alianza para la Unificación de los Rumanos (AUR), obtuvo un respaldo superior a los 233 votos requeridos.
El suceso ocurrió en un contexto de alta tensión económica, marcada por una inflación cercana al 10% en marzo y la necesidad de reducir el déficit público para cumplir con las exigencias de la Unión Europea.
El origen de la fractura política
La coalición proeuropea comenzó a fragmentarse en abril, cuando los socialdemócratas abandonaron el bloque gubernamental. El PSD argumentó que las medidas de austeridad aplicadas por Bolojan, que incluyeron la subida del IVA y la congelación de salarios públicos, impactaron negativamente en la población.
Por su parte, el ahora primer ministro interino defendió su gestión ante el Hemiciclo, asegurando que sus decisiones buscaron corregir una situación económica difícil y fueron validadas por la Comisión Europea.
Paralelamente, la oposición acusó al Ejecutivo de falta de transparencia en la gestión de activos estatales. La moción, titulada “Detengan el Plan Bolojan“, señaló un supuesto intento de privatización fraudulenta de compañías estratégicas.
No obstante, analistas locales sugieren que la verdadera disputa radica en el control de las redes administrativas que las reformas de Bolojan pretendían transformar.