El escenario estaba listo para un trámite de rutina para la máxima estrella del circuito, pero nadie contó con el corazón de guerrero del joven argentino. El arranque fue una pesadilla para el albiceleste (56° del mundo), quien se vio superado de principio a fin por la potencia del italiano, cediendo los dos primeros sets con un preocupante 3-6 y 2-6. Todo indicaba que la eliminación era cuestión de minutos; las gradas de París ya empezaban a dar por cerrada la historia.
Sin embargo, en el tercer parcial, el destino decidió darle una vuelta de tuerca dramática al encuentro. Cuando el reloj marcaba el momento más crítico, el número uno del mundo comenzó a desplomarse físicamente: mareos evidentes, gestos de dolor incontrolables y un lenguaje corporal que delataba un colapso inminente. Cerúndolo, con una frialdad de acero, olió sangre. Aprovechó el desconcierto total de su rival y, con un quiebre agónico, se quedó con el tercer set por 7-5.
A partir de ahí, la cancha se inclinó violentamente. El italiano era una sombra de sí mismo, apenas logrando mantenerse en pie, mientras que el argentino desató una furia tenística que no tuvo piedad. Los dos sets finales fueron un monólogo absoluto: un contundente 6-1 y 6-1 que dejó al público francés atónito ante la paliza táctica y física.
“Lo que pasó hoy es inexplicable, jugué con el alma”, declaró un eufórico Cerúndolo tras consumar la victoria que sacude los cimientos del deporte. Con este triunfo legendario, el argentino ya se instaló en la tercera ronda del Grand Slam parisino, donde ahora aguarda por el ganador del duelo entre el checo Vit Kopriva (66°) y la promesa española Martín Landaluce (69°).
La pregunta que ahora recorre todos los portales del mundo es una sola: ¿quién podrá detener a este Juanma Cerúndolo que acaba de demostrar que en el polvo de ladrillo de París, nada es imposible? El sueño está intacto, y la gloria eterna parece estar más cerca que nunca.