El Palacio Nacional fue el escenario donde la presidenta de la Nación Claudia Sheinbaum Pardo solicitó al embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, mantener su gestión diplomática dentro del marco de la cooperación bilateral, tras las declaraciones del funcionario norteamericano sobre el combate al narcotráfico.
La controversia comenzó cuando el representante diplomático publicó en sus redes sociales que la lucha contra las organizaciones criminales debe unir a ambas naciones y evitar transformarse en una disputa política. El diplomático consideró que cada desacuerdo representa una oportunidad perdida para la seguridad de los ciudadanos de ambos lados de la frontera.
Estas afirmaciones ocurrieron un día después del informe de rendición de cuentas de la mandataria mexicana en el Monumento a la Revolución. En dicho evento, la titular del Ejecutivo advirtió que no tolerará que dependencias del Departamento de Justicia de Estados Unidos influyan en la vida política interna, en alusión a las investigaciones contra el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha, y otros nueve exfuncionarios.
Posturas en la relación bilateral
Durante la conferencia de prensa matutina (la mañanera), la primera mandataria coincidió en la necesidad de enfrentar coordinadamente la violencia generada por la delincuencia organizada. Sin embargo, aclaró que la colaboración internacional posee límites jurídicos claros que deben respetarse de mutuo acuerdo.
“Buscamos la colaboración y la coordinación para poder avanzar conjuntamente, que ellos actúen en su territorio y nosotros actuemos en nuestro territorio”, afirmó la jefa del Ejecutivo.
La posición mexicana se fundamentó en los principios constitucionales de autodeterminación de los pueblos y no intervención. La mandataria argumentó que el cuerpo diplomático de México en naciones como Australia, India o Francia mantiene una conducta de absoluto respeto hacia las dinámicas políticas locales.