El Aula Magna de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA se convirtió en el escenario de un debate tan profundo como inusual para los tiempos que corren. Bajo la consigna ¿Existe un modelo productivo para la Argentina?, el panel central del 2° Congreso Productivo para el Desarrollo logró sentar a la misma mesa a figuras con recorridos ideológicos disímiles, pero con una preocupación compartida: la aparente incapacidad del país para sostener un rumbo económico en el tiempo.
Con la moderación del periodista Jairo Straccia, el exministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas; la exministra de Trabajo bonaerense, Mara Ruiz Malec; el exjefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta; y el exdiputado nacional, Luciano Laspina, protagonizaron un cruce de diagnósticos donde la economía y la alta política se entrelazaron de principio a fin.
Estabilidad: ¿Objetivo o herramienta?
El primer gran foco de discusión giró en torno a la inflación y las condiciones necesarias para que el sector privado vuelva a apostar por el país. Para Mara Ruiz Malec, la estabilidad macroeconómica no debe ser un fin en sí mismo, sino una “herramienta”. “Es claro que hay que tener estabilidad, la pregunta es cómo hacemos”, advirtió la economista, subrayando que la verdadera tensión radica en cómo lograrla sin desmantelar las capacidades del Estado para guiar el desarrollo y garantizar derechos ciudadanos. Además, enfatizó que el crecimiento debe ir acompañado, de manera simultánea, por políticas de redistribución del ingreso.
Esta mirada secuencial —primero estabilizar, luego crecer— fue rápidamente cuestionada por Horacio Rodríguez Larreta. El referente del PRO rechazó de cuajo la idea de establecer un “ranking de prioridades” en la gestión pública. Utilizando una metáfora de su paso por la Jefatura de Gobierno, sentenció: “¿Qué es prioritario, la educación, la salud o la seguridad? Todo a la vez. Bueno, acá lo mismo”. Larreta defendió la necesidad de un “plan integral” que ataque simultáneamente la macroeconomía, las reformas estructurales y la productividad.
Por su parte, Matías Kulfas aportó una mirada histórica y crítica sobre los procesos de apertura comercial en el país. El exministro alertó sobre el peligro de abrir la economía de forma ingenua en un contexto de dólar bajo y altas tasas de interés. “Pedirle hoy a empresas que compitan con un dólar barato en este escenario… eso no es libre competencia, eso es regalarse”, afirmó Kulfas, argumentando que las aperturas en Argentina históricamente se usaron como herramientas antiinflacionarias o de “disciplinamiento social”, con resultados industriales y laborales catastróficos.
La paradoja de los recursos naturales y el “país refundacional”
A su turno, Luciano Laspina hamacó el debate entre el optimismo por el futuro global y el escepticismo por el manejo doméstico. Coincidiendo con sus colegas, remarcó que los recursos naturales (como la energía y la minería) son una ventana de oportunidad enorme que abre la geopolítica y la transición energética actual, pero aclaró que por sí solos no garantizan el desarrollo si no se aplican “buenas políticas” que logren encadenar valor hacia otros sectores de la economía.
Sin embargo, el nudo gordiano del panel no fue técnico, sino político. Laspina planteó que para lograr el “milagro” de un crecimiento sostenible se requieren acuerdos básicos que involucren a todas las fuerzas, quebrando la dinámica de “dos Argentinas enfrentadas y antagónicas”.
Fue en ese punto donde Rodríguez Larreta reapareció con una dosis de crudo realismo, confesando su propio escepticismo tras su experiencia electoral: “Me pasé toda una campaña presidencial hablando de la necesidad de consenso y acuerdo, y me rompieron la cabeza; no me votó nadie”. El exalcalde apuntó contra el sistema de incentivos de la política actual, donde se compite por “ver quién profundiza más la grieta”, y dejó un dato escalofriante sobre la cultura política local: “Tenemos que ir 100 años para atrás en nuestra historia para encontrar un presidente democrático que continuó las políticas de su antecesor. Cada presidente nuevo en la Argentina es un refundador”.
Cierre: Una tregua reflexiva en medio del barro
Hacia el final, el clima del auditorio reflejó una mezcla de alivio y melancolía. El propio moderador ironizó sobre la “calidad” de la discusión, disparando entre risas un elocuente: “¡Qué linda era la grieta anterior, ¿no?!”, al ver que los expositores —hoy parados en veredas opositoras al actual esquema de gobierno— encontraban múltiples puntos de concordancia conceptual.
Más allá de los matices económicos sobre el rol del Estado, el dólar o las tarifas, el panel dejó una conclusión unánime e inquietante: Argentina cuenta con las fuerzas tangibles —tecnológicas, demográficas y naturales— para salir de la terapia intensiva económica. Lo que aún le falta, y parece estar cada vez más lejos de conseguir, es el diseño institucional y político para dejar de empezar de cero cada cuatro años.