Por Leonardo Peluso
Messi va a jugar su primer partido ante Inglaterra con la selección nacional. Nunca los enfrentó y eso sucederá luego de 40 años de aquellos goles de Diego y de la eliminación que se vivió como una reparación histórica por Malvinas. Gracias a ese partido, el país visibilizó un tema que estaba metido en el subsuelo de la patria. Los tiempos cambiaron, el mundo y el fútbol también. Pero hay un sentimiento que sigue intacto y perdura, y a los hinchas y al pueblo les importa poco la modernidad licuada. Sabe que en ese partido hay mucho de patria en juego.
Por eso el cruce del miércoles que viene en Atlanta ya se vive con esa misma sensación de venganza, de rechazo pirata y, sobre todo, con el sentido de que se juega mucho más que a la pelota. “El que no salta es un inglés” se gritó durante toda la madrugada y es todo un símbolo. No es un clásico futbolístico, es otra cosa lo que esconde ese grito. Porque eso mismo no se canta contra otros países ni contra otras selecciones. Inglaterra es Inglaterra. No es una simple selección de fútbol.
Los jugadores, los periodistas, los analistas y los sociólogos dirán que no hay que mezclar los temas, que el deporte es una cosa y la política es otra. Seguramente sobrarán razones y citas bibliográficas e incluso habrá un menosprecio hacia la idea de volver sobre el conflicto del Atlántico Sur. Pero el sentimiento popular y el corazón no laten con la corrección política de las cuestiones diplomáticas. La sangre empuja por las venas las injusticias y atrocidades de la historia. La pelota no tiene nada que ver, pero el sentimiento sí.
El legado de Diego Maradona
Nadie olvida a Maradona y todos quieren que Messi sea también un poco más Maradona. Por eso las últimas Copas se festejaron tanto: porque no podía ser que el mejor jugador del mundo no pudiera levantar ese trofeo que alzó Diego. Messi lo hizo y el pueblo se desahogó. Y ahora, como en una obra de teatro guionada, vaya uno a saber por cuál Dios, le ofrece la puesta en escena de repetir a Diego. Ya no podrá hacer el gol con la mano porque hay VAR y no sería real que, a los 39 años, haga todas aquellas gambetas. Pero, ¿por qué no soñar con que otra vez un pueblo entero disfrute de ver sufrir a los ingleses?
El fútbol siempre es el lugar de las revanchas y las reivindicaciones, porque un gol y un triunfo arrastran, como una ola gigante, demasiadas más cosas que las que ofrece un partido. Messi tiene en su zurda y en su computadora mental otra nueva posibilidad de aumentar sus tremendos superpoderes para que Maradona regrese, para que Malvinas regrese y para que, al menos por un rato, todos sientan la enorme felicidad de ser los mejores del mundo.