Una profunda transformación en la dieta de los argentinos consolida un cambio histórico en la mesa familiar. Impulsados por el poder adquisitivo y la búsqueda de practicidad, el pollo y el cerdo le ganan terreno a los tradicionales cortes vacunos.
Una profunda transformación en la dieta de los argentinos consolida un cambio histórico en la mesa familiar. Impulsados por el poder adquisitivo y la búsqueda de practicidad, el pollo y el cerdo le ganan terreno a los tradicionales cortes vacunos.

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El mapa de consumo de proteínas animales en Argentina registra una reconfiguración de gran magnitud. La histórica primacía de la carne vacuna en el plato cotidiano cedió formalmente su primer puesto frente a la expansión acelerada de la carne de ave y de cerdo.
Dato histórico: Durante el último año, el consumo promedio de pollo alcanzó los 50 kilos anuales por habitante, superando a la carne vacuna, que retrocedió a los 47 kilos per cápita.
Según los últimos registros oficiales de la Secretaría de Agricultura, el consumo total de carnes durante 2025 cerró en 116,4 kilos por habitante, lo que representó un incremento general del 3,85%. Sin embargo, la expansión del mercado no estuvo impulsada por los cortes bovinos, sino por el fuerte repunte del sector avícola y porcino.
Uno de los motores determinantes en la reconfiguración de la canasta alimentaria responde directamente a la brecha de precios entre las diferentes opciones de proteína. Los relevamientos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) reflejan incrementos altamente disímiles en el mostrador.
Durante el último año, la carne bovina acumuló un incremento interanual del 57,9%, mientras que el pollo registró una suba del 38,9% y el pechito de cerdo un 23,6%. Esta diferencia de costos impactó de forma directa en los valores promediados durante el mes de mayo:
Lomo vacuno: Se posicionó como el corte de mayor valor, alcanzando los $28.633 por kilo.
Asado bovino: Comercializó su valor promedio en torno a los $18.154 el kilo.
Pechito de cerdo: Se consolidó como una alternativa intermedia a $9.151 por kilo.
Pollo fresco: Representó la opción más accesible para los hogares, promediando $5.048 por kilo.
La modificación en las pautas de compra no responde únicamente a un factor de restricción económica. El Monitor de Consumo del IPCVA reveló que, si bien un 66% de la población se define como carnívora tradicional, un 34% de los encuestados ya adoptó posturas alimentarias alternativas, superando el 30% registrado en 2024.
Dentro de esta tendencia, un 26% de la población se identifica como “flexitariana”, es decir, consumidores que buscan reducir de manera gradual la ingesta de carnes rojas. El segmento se completa con un 5% de vegetarianos y un 3% de veganos.
De acuerdo con la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA), la media móvil anual ubica el consumo vacuno en 47,5 kilos por habitante, situándose entre los niveles más bajos de la historia reciente del país.
“La carne vacuna no está sola ni se vende sola. Hoy disputa cada centímetro de mercado con el pollo y el cerdo en uno de los países con mayor consumo de proteínas cárnicas del mundo”, sintetizó Adrián Bifaretti, jefe de Promoción Interna del IPCVA.
El especialista remarcó además que el consumidor argentino atraviesa una revalorización cualitativa: prefiere comer menor cantidad de carne vacuna, pero seleccionando cortes de mayor calidad y reconociendo su alto valor nutricional en hierro y proteínas.
La expansión de la avicultura argentina se respalda en un crecimiento productivo sostenido. A fines de la década de 1990, el consumo per cápita de pollo apenas superaba los 20 kilos anuales; hoy supera los 50 kilos y las proyecciones indican que continuará en ascenso.
Carlos Sinesi, gerente ejecutivo del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), detalló que durante 2025 la industria faenó 750 millones de aves (2,47 millones de toneladas). La clave del éxito radicó en la modernización tecnológica y el cambio en la comercialización: se pasó de vender la pieza entera a ofrecer trozados, pechugas, milanesas y productos listos para cocinar, adaptándose a hogares más pequeños.
Por su parte, el sector porcino concretó un avance extraordinario al multiplicar por seis su presencia en las mesas argentinas, pasando de 4 kilos a los actuales 25 kilos per cápita.
Según el consultor Juan Luis Uccelli, este salto fue posible tras derribar viejos mitos sobre el contenido graso de la carne de cerdo e incorporar cortes equivalentes a los vacunos, como la nalga, la bola de lomo y el cuadril. El especialista estimó que el consumo porcino aún no alcanzó su techo y podría ubicarse en el futuro entre los 34 y 36 kilos por habitante.
En paralelo a estas tres grandes cadenas, otras opciones como la carne ovina y el pescado mantienen una participación secundaria. Sin embargo, emergen nuevos nichos de mercado en desarrollo, entre los que se destaca la carne de búfalo, un sector que ya cuenta con un rodeo nacional estimado en 200.000 cabezas.
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