Esta medida busca prevenir desastres como el ocurrido en octubre de 2023, cuando una crecida extraordinaria alcanzó un caudal de 24.000 metros cúbicos por segundo —más de 15 veces el volumen habitual— y destruyó decenas de tramos de la pasarela.
Aquella reconstrucción demandó nueve meses de obras e importantes costos logísticos. Episodios similares afectaron la infraestructura en octubre de 2022 y en junio de 2014, cuando el caudal marcó un récord histórico al superar los 45.000 metros cúbicos por segundo.
Adicionalmente, el comportamiento del río se encuentra condicionado por la regulación del flujo hídrico de las represas hidroeléctricas instaladas sobre el Paraná, el Uruguay y el propio Iguazú en suelo brasileño. Frente a este panorama, el gobierno de Misiones conformó un gabinete interinstitucional para coordinar planes de contingencia en las localidades costeras vulnerables.
A pesar de los trabajos en la zona alta, las autoridades precisaron que el Parque Nacional Iguazú continuará operando de manera habitual. Los visitantes podrán recorrer los circuitos Superior e Inferior, el Sendero Macuco y utilizar el Tren Ecológico de la Selva. La decisión se oficializó tras el cierre del receso invernal, período en el cual el área natural protegida registró el paso de más de 143 mil turistas.
Frente a un escenario donde la variabilidad climática desafía de manera constante las obras de ingeniería humana en entornos protegidos, el resguardo de las pasarelas plantea interrogantes hacia el futuro. ¿Se adaptará la infraestructura turística de forma definitiva a los ciclos extremos de la naturaleza o la prevención mediante cierres prolongados continuará siendo la única garantía de seguridad?