Que cada una sienta lo que sienta — pero que sienta
Y acá Machuca me sorprende, porque no es una nostálgica de manual ni una fundamentalista de la monogamia romántica clásica. Le pregunto por los otros formatos de amar —vínculos abiertos, poliamor, todo lo que excede el molde tradicional que ella misma homenajea en su prólogo— y su respuesta es honesta: “el amor tiene muchas formas, y las formas que cada uno le quiera dar son totalmente válidas siempre”, mientras haya respeto, comunicación honesta y responsabilidad afectiva. “No hay ningún manual que diga que el amor tiene que ser así, así, asá para poder ser amor.” Me cuenta, de hecho, de un matrimonio de tres personas que leyó en las noticias, legalizado en Uruguay, y no tiene una gota de condena: “no veo que le estén haciendo daño a nadie”.
Lo que sí critica es la trampa literaria de fabricar romances “de impacto” a costa de la toxicidad, esa moda del enemies to lovers con dependencia emocional de fondo disfrazada de pasión: “hay una tendencia a querer crear un hit”, dice, con la honestidad de quien mira el mercado editorial desde adentro y no le gusta lo que ve.
Lo que Machuca defiende, en el fondo, no es una forma específica de amar. Es el permiso a sentir sin pedir disculpas. Se puede ser poliamorosa, monógama, estar sola por elección o estar en pareja desde los diecisiete — lo que no se vale, para ella, es fingir que no te importa por miedo a que te asuman intenso, necesitado, o como “poco trabajado”. Bajar la guardia no es un fracaso personal. Es, dice, la única forma de que algo real tenga chance de pasar.
Lo que viene, y lo que espera que quede
Mide el hilo ya va por su segunda edición, el segundo tomo, Cortar el hilo, está terminado y llegaría antes de fin de año — la noticia le llegó, dice entre risas, el mismo día de esta entrevista; ahí la pregunta deja de ser “¿es posible elegir a quién amamos?” y pasa a ser si en la realidad finalmente se lo bancan. El tercero, Ama el hilo, todavía es secreto de autora.
Pero si hay algo que Machuca quiere que le quede a quien la lea, no hace falta ni preguntarlo dos veces: “que vuelvan a creer en el amor, y que no se olviden de que lo fundamental es la conexión entre dos personas”