Las afecciones de las vías respiratorias superiores en los felinos, conocidas comúnmente como gripe felina, representaron una de las causas más frecuentes de consulta veterinaria. Esta condición respondió principalmente al complejo respiratorio felino, un cuadro de origen vírico provocado en la mayoría de los casos por el herpesvirus felino tipo 1 y el calicivirus felino.
Aunque las bajas temperaturas condicionaron la aparición de cuadros clínicos, especialistas aclararon que el frío no actuó como causa directa, sino como un factor ambiental que debilitó las defensas o favoreció la concentración de animales en espacios cerrados.
El contagio se produjo mediante el contacto directo con saliva, moco o gotas expedidas durante los estornudos, las cuales alcanzaron varios metros de distancia. Los síntomas iniciales incluyeron estornudos frecuentes, lagrimeo, secreción nasal transparente y letargo.
Sin embargo, la pérdida de olfato provocó que los animales rechazaran el alimento, situación que derivó en complicaciones severas si la inapetencia se prolongó por más de 24 horas. En casos de mayor gravedad, aparecieron úlceras bucales, dificultad para respirar y fiebre.
Médicos veterinarios destacaron que las secreciones espesas o amarillentas indicaron sobreinfecciones bacterianas secundarias. Ante este escenario, la administración de antibióticos solo funcionó bajo prescripción profesional para combatir dichas bacterias, dado que estos fármacos no combatieron los virus originarios.
El tratamiento general se concentró en cuidados de soporte: mantenimiento de la hidratación, oferta de comida húmeda con olor intenso y limpieza continua de fosas nasales y ojos con soluciones estériles.