Existe un costo silencioso pero determinante que ningún comprobante detalla y que todo consumidor termina abonando: el tiempo perdido, los cargos sorpresa y los procesos diseñados para desalentar.
Un reciente relevamiento desarrollado por la consultora Focus Market puso cifras por primera vez en la Argentina a la denominada “Economía del Fastidio”, estimando su impacto en más de 3.242 millones de dólares al año.
Un costo oculto que frena el consumo
El concepto alude al conjunto de fricciones que enfrentan los usuarios en su rutina comercial diaria. Sobre esta problemática, Damián Di Pace, Director de Focus Market, explicó: “La ‘economía del fastidio’ se volvió una categoría silenciosa pero muy presente en la Argentina actual: costos ocultos, trámites interminables, servicios imprevisibles y tiempo perdido que terminan afectando tanto el consumo como la productividad. En un contexto donde la inflación dejó de ser el único problema visible, empieza a pesar también el desgaste cotidiano de operar en una economía friccionada”.
El informe precisa que, al aplicar la proporción del PBI calculada en estudios internacionales al PBI argentino de 2025, la pérdida representa unos 23.912 pesos mensuales por hogar, un monto equivalente a un abono de servicio de streaming o una comida por delivery.
Las mayores fricciones al comprar y en la postventa
Al consultar a 2.640 consumidores sobre las prácticas más irritantes durante la compra, la letra chica y las condiciones ocultas lideraron las menciones con el 46%, seguidas por las ofertas confusas (28%) y los costos de envío inesperados al momento del cobro (13%). Estas tres variantes concentran el 87% del malestar en el proceso inicial.
En la etapa de postventa, la frustración se intensifica con la atención robotizada. El 64% de los encuestados señaló a los bots y sistemas automatizados sin opción de hablar con un operador humano como el principal obstáculo. Le siguen las trabas burocráticas para validar garantías (14%) y las suscripciones con incrementos no notificados (12%).
El desgaste como modelo de negocio
Muchas de estas complejidades no responden a meras fallas técnicas, sino a estrategias calculadas para forzar el desestimiento del cliente. Frente a estas distorsiones, Di Pace concluyó: “El consumidor posterga decisiones, las empresas absorben ineficiencias y el humor social se deteriora. El desafío no es sólo estabilizar variables macroeconómicas, sino reducir la carga de incertidumbre y complejidad que atraviesa la vida diaria. Porque cuando el fastidio se vuelve estructural, también se transforma en un costo económico”.