Elsztain fundamentó sus inversiones en las Islas Malvinas

Eduardo Elsztain justificó su participación accionaria en las Islas Malvinas como un intento de respaldar la soberanía nacional desde el sector privado. Pese al bloqueo de las autoridades británicas a su expansión, no descartó volver a invertir allí.

Eduardo Elsztain

Motivaciones patrimoniales y el rechazo de las autoridades de Londres

El referente del sector inmobiliario Eduardo Elsztain rompió el silencio respecto a su incorporación desde 2005 a la estructura societaria de la Falkland Islands Company, una firma con marcado peso comercial en el archipiélago austral. La aclaración pública surgió para despejar hipótesis infundadas y señalamientos surgidos tras trascendidos de prensa. El desarrollador argumentó que su desembarco accionario buscó establecer puentes comerciales y productivos desde el capital privado para respaldar la postura diplomática histórica que reclama los territorios insulares.

Años después del ingreso inicial, la iniciativa para aumentar la tenencia de la compañía y sumar a otros pares del sector empresarial local chocó directamente contra una negativa oficial de la administración británica. Las instituciones reguladoras del Reino Unido impidieron la transacción para frenar el avance del grupo argentino dentro del conglomerado estratégico.

Proyección a futuro sobre los emprendimientos en el Atlántico Sur

A pesar de las restricciones normativas impuestas desde el exterior para vetar su propuesta de expansión, el inversionista valoró el intento como una acción orientada al interés nacional. Manifestó además que las trabas regulatorias sufridas no desestiman volver a intentar operaciones similares si las condiciones cambiantes del contexto lo posibilitan más adelante.

la carta de elsztain

Mi abuelo Isaac siempre me decía que si Argentina se hubiera involucrado económicamente en la vida de las Islas Malvinas durante todo el siglo XX, probablemente hubiéramos evitado la guerra. No fue el único que pensaba eso: Perón intentó comprar la Falkland Islands Company (FIC) más de una vez y también lo intentó el empresario metalúrgico César Cao Saravia en el ‘77. La idea, que coincide con la estrategia diplomática de nuestro país desde hace décadas, era que estrechar los lazos sociales, económicos, culturales y productivos con las Islas Malvinas a través de una empresa argentina podía ayudar en el reclamo de soberanía.

Con eso en mente, desde 2005/06 fui comprando acciones de la Falkland Islands Company (FIC), una compañía de enorme relevancia estratégica y económica en las Islas Malvinas que tiene a cargo temas inmobiliarios, agropecuarios, hoteleros, entre otros. En el 2017 se abrió una oportunidad mayor, cuando los propios empleados de FIC hicieron una oferta para comprarla. La bolsa de Inglaterra es la cuna del liberalismo económico y, si una empresa recibe una oferta pública de compra, otra empresa puede ofertar más para quedarse con la compañía en cuestión. Pensé que esa era nuestra oportunidad, así que oferté para quedarme con el control mayoritario de la empresa más importante de las Islas Malvinas. Además de ampararme en la lógica del derecho inglés, pensé que una causa así podía contagiar a cientos de empresarios y ciudadanos argentinos que me acompañarían en la oportunidad de transformar nuestra relación con las Islas a partir del desarrollo económico y social.

Al contrario de la cultura liberal de la bolsa inglesa, la propuesta fue bloqueada y prohibida por las autoridades británicas. Inclusive, Theresa May, primera ministra británica de la época, hizo declaraciones en contra de la compra de FIC (hoy FIH Group) por una empresa argentina. Mi empresa solo pudo mantener la participación minoritaria que había comprado a través del mercado -cercana al 2%- que tiene hoy, y la mayoría accionaria terminó en manos de Staunton Holdings Ltd. Todo esto fue público y cubierto por medios como Clarín y Página 12 en el 2017. Hoy volvió a surgir el tema en un artículo de La Nación y por eso hago estas aclaraciones. Porque nuevamente veo aparecer en redes sociales teorías conspirativas y antisemitas sobre mi persona, que distan tanto de la realidad concreta de los acontecimientos que a veces me parece hasta ridículo. Por lo general no hago intervenciones de este tipo, pero la causa Malvinas es tan importante para todos los argentinos, que me parece que no hay que quedarse callado.

Por mi edad, desde mis años de formación en el Colegio Nacional Buenos Aires y mi paso por la colimba, la causa Malvinas ha atravesado tanto mi vida privada como la del país. Pensar que podría haber aportado algo desde mi rol empresarial en este tema valió la pena, aunque haya fracasado. Si pudiera, no dudaría en volver a intentarlo -y quién dice, quizás vuelva a pasar.

 
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