El 25 de mayo de 2014, en las oficinas de la presidencia, Ramón Díaz y su hijo Emiliano le comunicaban a Rodolfo D’Onofrio, Matías Patanian y Enzo Francescoli que no seguirían al frente del equipo. Sobre la mesa quedaron, como papeles viejos, algunos informes para la pretemporada y el mercado de pases que la secretaría técnica había preparado para la nueva temporada con Ramón Díaz campeón. En la oficina de al lado, un joven asesor de la presidencia, tan sorprendido como el resto, Stefano Di Carlo, era el primero en enterarse. Unas horas después, Leonardo Ponzio, que estaba por comunicarle a la dirigencia que se iba del club, recibió el aviso de la salida y le pidieron que esperara.
Lo que siguió es historia conocida: Ponzio se convirtió en el jugador más ganador de la historia del club y Di Carlo, apoyado por el sucesor de Ramón Díaz, Marcelo Gallardo, llegó a la presidencia de River. Hace poco más de un mes, Di Carlo no fue a buscar a Ramón y confió en un interinato de Ponzio para ganar tiempo y comprobar si las frustraciones de Gallardo y Coudet podían corregirse con alguien de la casa. Incluso, se escuchó en esa mesa chica de decisión una pregunta: «¿Y si Ponzio es nuestro Ramón de los 90?». La referencia era aquella apuesta de 1995 que terminó en el tricampeonato y la consagración de Ramón.
De algún modo, Ponzio lo fue, porque sin su interinato quizá el nombre de Ramón habría seguido prohibido después de 12 años. Su posible regreso a River, en medio de tantas paradojas, también encuentra al expresidente Rodolfo D’Onofrio diciendo hace un mes que no tenía posibilidades y poniendo, tiempo después, un like en una publicación de Emiliano Díaz. Pero las urgencias y las necesidades les ponen un manto de olvido a ciertas decisiones que, de golpe, dejan de parecer eternas e inamovibles. Hasta lo tallado en piedra es erosionado por el tiempo y las circunstancias.
River y Di Carlo ya no tienen muchas más vueltas para darle al asunto. La apuesta por un nuevo Gallardo, que fue Demichelis, terminó a las patadas. La vuelta del Muñeco ratificó que las segundas etapas no suelen ser como las primeras. La propuesta de Coudet, con algo de las dos decisiones anteriores, se agotó en la impaciencia de los nuevos tiempos. La transitoriedad de Ponzio, con sueños más perdurables, se convirtió rápidamente en una duda incluso luego del gran triunfo de anoche ante Belgrano en Córdoba.
Tal vez a fin de año o luego de algún nuevo mal paso (aún no está clasificado a la Copa Libertadores y debe jugar con Boca en la Bombonera), todos los caminos terminarán en Ramón Díaz, aunque durante años se lo evitó, incluso a riesgo de extraviar el horizonte. Ya dejó de ser el entrenador del exilio, al que no se nombró en cada sucesión de los últimos años.
Lo que resulte de esta apuesta futura, que por ahora tiene mucho de urgencia, se dictará con los resultados. Mientras tanto, tanto Ramón como Di Carlo hubieran elegido otro escenario. El primero, que lo llamaran al comienzo de una temporada y no con el equipo a las puertas de jugar contra Boca, ahogado en busca de una soga que lo lleve a los playoffs y a la Libertadores 2027. El segundo imaginó que Ponzio salía campeón para después buscar un cuerpo técnico más fuerte, capaz de hacer explotar a estos jugadores que le costaron al club 70 millones de dólares. Quizás el triunfo del domingo de Ponzio los favoreció a los dos, en verdad a los tres si se incluye al DT. Pero la paradoja sigue viva y se seguirá escribiendo, incluso con River recuperando algo de aire.