El Niño entra en su fase más crítica: ¿por qué el pico del fenómeno eleva la alerta por lluvias y crecidas en Argentina?

El meteorólogo Leonardo De Benedictis advirtió sobre la superposición del evento con el ciclo natural de lluvias del verano y remarcó que las crecidas en la cuenca del Plata podrían prolongarse hasta mayo

Inundaciones en el Litoral Argentino

El seguimiento de las condiciones meteorológicas en el Pacífico ecuatorial mantiene bajo constante observación a los organismos hídricos del país. Con pronósticos que sitúan el punto de mayor intensidad de El Niño entre diciembre y enero, la inquietud radica en que su fase más activa se superpondrá de forma directa con la temporada
estadísticamente más lluviosa para el centro y norte de la Argentina. 

Para analizar el alcance real de este escenario, dialogamos con Leonardo De Benedictis, meteorólogo egresado de la UBA con orientación en Meteorología Sinóptica y especialista en meteorología satelital y operativa aeronáutica (SMN / EUMETSAT). Con más de dos décadas de trayectoria en el análisis sinóptico, el especialista detalló los factores en juego y las dinámicas que marcarán los próximos meses en el país.

—Los informes indican que lo más fuerte de El Niño se espera entre diciembre y enero. ¿Por qué preocupa tanto que el momento de mayor intensidad coincida justo con los meses en que naturalmente más llueve en el país?

—En gran parte de nuestro país —no todo el territorio se comporta igual, pero sí toda la franja este, la zona del Litoral, la provincia de Buenos Aires y parte de la franja central— preocupa porque coincide con el pico máximo de precipitaciones de la región. Lo que hace El Niño es potenciar los niveles de lluvia habituales. Al sumarse precipitaciones superiores a los promedios durante la época de por sí más lluviosa del año, el riesgo potencial de excesos hídricos, zonas anegadas, sectores inundados y crecidas importantes de los ríos se incrementa mucho más respecto a un año típico.

—Se habla de que el calentamiento en el Pacífico podría ser histórico, parecido al de 1982 o 1997. ¿Tener un Niño récord en el océano significa necesariamente inundaciones récord acá, o de qué otros factores depende?

—No, las consecuencias no son lineales. No significa que ante una situación de ese tipo vayamos a tener sí o sí lluvias extremas. El fenómeno prepara un escenario en el cual es más propicio y factible que ocurran eventos de lluvias importantes, pero no es la única variable en juego. También intervienen cuestiones ligadas al océano Atlántico y diversos índices atmosféricos; la atmósfera es un fluido y la combinación de factores puede tanto potenciar como atenuar los impactos. Existen elementos locales y regionales determinantes, por lo que un mayor calentamiento en el Pacífico no se traslada obligatoriamente de forma directa ni uniforme a todos los sectores.

—Provincias del Litoral como Corrientes, Entre Ríos o Misiones ya tuvieron crecidas de ríos y evacuados. ¿Qué tiene que pasar con las lluvias en las cuencas del Paraná y el Paraguay para volver a entrar en una situación de alerta?

—Tiene que seguir lloviendo como viene lloviendo. Toda la cuenca del Plata —que involucra a los ríos Paraguay, Uruguay, Paraná e Iguazú— ha recibido abundantes volúmenes de agua desde el inicio de la primavera en su cuenca alta. En el norte los embalses y represas ya se encuentran con niveles colmados. Si la tendencia activa se sostiene y continúa aportando precipitaciones significativas, toda esa región permanecerá comprometida al menos hasta el cierre del verano. Al potenciarse el contexto general por El Niño, la zona ribereña se ubica entre las principales afectadas. 

—¿Hasta cuándo se extenderían estos problemas? ¿Concluyen con el final del verano o pueden llegar hasta abril?

—Depende del aspecto que se analice. Si el foco está puesto en la crecida de los ríos, la situación puede perdurar incluso hasta mayo. De forma natural —al margen de El Niño—, las lluvias en la cuenca alta del Plata alcanzan su punto cúlmine entre marzo y abril, y luego se interrumpen hasta octubre. Mientras llueva, la cuenca alta sigue acumulando agua que luego debe escurrir a través de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay. Todo ese complejo hídrico alcanza su pico máximo entre abril y mayo, momento en que cesan las lluvias en el norte. A partir de allí se detiene la acumulación en las nacientes, pero la crecida de los ríos puede extenderse por lo menos un mes más debido a los tiempos de drenaje y tránsito del agua.

—Para el ciudadano común, ¿qué concepto clave sobre la naturaleza del fenómeno es importante tener presente?

—Un aspecto central es evitar asociar a El Niño directamente como sinónimo de lluvia. En términos concretos, El Niño es un calentamiento puntual del océano Pacífico que en nuestra región favorece mayores precipitaciones, pero que en otras zonas del mundo genera el efecto opuesto. Lugares como Australia o el sudeste asiático suelen registrar sequías y marcas pluviométricas marcadamente por debajo de sus promedios durante estos eventos. El impacto depende siempre de la región geográfica en la que se manifieste.

El panorama hacia los próximos meses requerirá sostener la vigilancia meteorológica e hidrológica a corto y mediano plazo. Con el sistema de represas del norte en niveles elevados y el suelo saturado en sectores del Litoral, la persistencia y distribución de las lluvias estivales determinarán la severidad de los anegamientos y la magnitud del caudal que escurrirá por los principales cursos fluviales del país hasta las puertas del otoño. 

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