De Calamuchita a Traslasierra, proyectos familiares con identidad serrana, suelos únicos y enoturismo como eje transformaron al vino cordobés de curiosidad regional en fenómeno con premios y reconocimiento nacional.
De Calamuchita a Traslasierra, proyectos familiares con identidad serrana, suelos únicos y enoturismo como eje transformaron al vino cordobés de curiosidad regional en fenómeno con premios y reconocimiento nacional.

Córdoba no compite por volumen. Con apenas 270 hectáreas de viñedos sobre las 250.000 que tiene el país, la provincia sabe que su lugar en el mapa vitivinícola argentino se construye por otro camino: la singularidad de sus proyectos, la diversidad de paisajes y una identidad territorial que ninguna otra región puede replicar. El resultado es un fenómeno silencioso pero sostenido: hoy hay 25 bodegas inscriptas, 44 asociados a la Cámara Vitivinícola provincial y una carrera de enología que comenzará a dictarse este mes en convenio con la Universidad del Valle de Uco y la Universidad Provincial.
“El vino es la expresión de un terroir y Córdoba tiene una gran diversidad, por clima y por tipos de suelos. Es una industria que se está refundando”, define Carlos Testa, presidente de la cámara, que avanza además con estudios científicos de tipificación de suelos financiados por el CFI, con participación de expertos argentinos e italianos.
El Valle de Calamuchita es el corazón del fenómeno. Allí opera Las Cañitas, la bodega más premiada de la provincia, fundada por Juan Navarro Torre —metalúrgico de origen, vitivinicultor por intuición— que plantó sus primeras vides en 2001 y realizó su primer proceso de vinificación en 2007. Ubicada entre Villa Berna y La Cumbrecita a 1.280 metros de altura, produce unas 25.000 botellas anuales de Malbec, Pinot Noir, Cabernet Sauvignon, Syrah y Sauvignon Blanc en suelos ricos en cuarzo, rodeados de pinares y zarzamoras que impregnan los aromas de la uva en cosecha.
En el mismo valle, Vista Grande (fundada en 2018), Río del Medio (desde 2012) y Alma Minera representan distintas versiones de un mismo espíritu: escala manejable, producción propia y contacto directo con el visitante. Esta última nació como desprendimiento de una empresa minera familiar: “Queríamos devolverle a la tierra algo de lo que nos daba”, explica Gonzalo Martínez, quien construyó terrazas de viñedos a 1.300 metros con desechos mineros reciclados y abastece el 45% de su energía con paneles solares.
Una mención aparte merece Sineres, la única champañera cordobesa que elabora espumantes con método tradicional francés. Andrea Fissore y Agustín Sommavilla descubrieron que el potencial de la zona estaba en los blancos y en 2017 apostaron por un nicho prácticamente inexplorado en la provincia. Su emblema es un espumante blanco de Malbec que, paradójicamente, comenzó como una apuesta incierta: “Ese Malbec que nos daba miedo terminó siendo una botella icónica”, recuerda Fissore.
En Traslasierra, la historia vitivinícola es más profunda de lo que parece. Entre 1870 y 1990 la región llegó a tener más de 500 hectáreas de viñedos que desaparecieron con el cierre del ferrocarril a Villa Dolores. Bodega El Noble, de la familia Jascalevich, fue pionera en la recuperación de esa tradición desde 2001. Hoy produce 16.000 botellas anuales y forma parte de un circuito que crece con proyectos como Achala Bodega Exótica —el primer viñedo del país trabajado íntegramente bajo la técnica de microterroir de la Borgoña francesa, plantado sobre roca granítica de 450 millones de años— y Aráoz Lamadrid, que trabaja con nueve variedades tintas y tres blancas en microparcelas integradas al monte nativo con una filosofía clara: “No hacemos vinos para copiar a Mendoza, San Juan o Salta. Queremos un vino bien cordobés”.
En Colonia Caroya, cuna de la tradición italiana en la provincia, Terra Camiare opera a mayor escala con 220.000 botellas anuales y recupera la variedad Isabella, traída por inmigrantes hacia 1870 y emblemática de la zona.
El vino cordobés ya no es una rareza. Es una propuesta con identidad, con premios y con un público que crece.
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