El portazo de River en la AFA: ¿el inicio de una rebelión o un gesto solitario?

La decisión de Di Carlo de abandonar el Comité Ejecutivo generó repercusiones en el fútbol argentino. Hay dirigentes que sueñan con un frente opositor a Tapia, pero los números muestran que el poder del “Chiqui” sigue intacto.

El portazo de River Plate al Comité Ejecutivo de la AFA sacudió al fútbol argentino y abrió un debate que excede al club de Núñez: ¿es el comienzo de una rebelión institucional contra la gestión de Claudio “Chiqui” Tapia, o apenas un gesto aislado destinado a negociar desde otro lugar?

Las dos lecturas

En el mundo del fútbol argentino conviven dos interpretaciones bien distintas. Por un lado, hay dirigentes que ven en la decisión de la comisión directiva encabezada por Stéfano Di Carlo una señal esperada y necesaria. Según pudo saberse, los teléfonos de Di Carlo y del vicepresidente Ignacio Villarroel no pararon de sonar tras el anuncio: colegas dirigentes les expresaron su apoyo por WhatsApp, aunque aclararon que por razones particulares no podían sumarse públicamente.

El antecedente que más pesa es el de la última reunión de la Liga Profesional de 2025, donde Villarroel fue convocado para terminar siendo parte involuntaria de la foto que consagró el título de Rosario Central con la aparición sorpresiva de una copa. La “emboscada”, como la llamaron en el Monumental, fue la gota que colmó el vaso.

Por otro lado, cerca de Tapia y de su tesorero Pablo Toviggino minimizan el movimiento. La lectura oficial es que River y Estudiantes de La Plata siempre fueron opositores, y que esto no representa ninguna novedad. “River ya lo hizo en 2016 y después acordó con la AFA”, señaló una fuente cercana al conflicto.

El bloque opositor y sus límites

Con el portazo, River se sumó formalmente a un minieje disidente que ya integraba Estudiantes de La Plata y que en algún momento incluyó a Talleres de Córdoba, hasta que su presidente Andrés Fassi debió pedir disculpas públicas a Tapia —con el fantasma del descenso como telón de fondo—. Una posible cumbre entre Juan Sebastián Verón y Di Carlo empieza a tomar forma, con el reclamo compartido de que las decisiones de la AFA se debatan realmente en el comité ejecutivo, y no lleguen ya “digeridas” para que los clubes apenas levanten la mano.

Sin embargo, los números son elocuentes: de los 30 clubes de la Liga Profesional, apenas tres piensan abiertamente distinto a Tapia. El ascenso —núcleo duro que lo hizo presidente— no registró ninguna reacción ante el portazo millonario. “Ni Chiqui ni Pablo temen una estampida”, sentenció una fuente al tanto de la interna. El Consejo Federal, además, es territorio de Toviggino, y se reunirá este fin de semana en Córdoba en lo que muchos interpretan como una defensa corporativa de la gestión.

El peso de la dependencia

La parálisis de buena parte de los clubes tiene explicación. Entre el miedo a represalias deportivas, la dependencia económica de los fondos de la AFA y la afinidad ideológica con la conducción, la mayoría opta por el silencio. Algunos esperan que sean los grandes los que encaren el enfrentamiento. River lo hizo. Ahora la pregunta es si alguien los seguirá.

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