El pacto silencioso entre el PJ, la UCR y el PRO para desbancar el modelo libertario en 2027.
El pacto silencioso entre el PJ, la UCR y el PRO para desbancar el modelo libertario en 2027.

En las sombras de los despachos más tradicionales de la Ciudad de Buenos Aires, y bajo un hermetismo que recuerda a las grandes gestas de la organización nacional, se está gestando un movimiento tectónico. Lo que comenzó como diálogos informales en cafés de la zona de Retiro y cenas discretas en quintas del conurbano, ha madurado en un borrador de entendimiento que busca emular el espíritu del histórico Pacto de San José de Flores, pero con un objetivo estrictamente electoral: desplazar al actual modelo libertario del poder.
La arquitectura de este acuerdo es tan inédita como pragmática. Se trata de una coalición de “centro-amplio” que logra sentar en la misma mesa a tres vertientes que, hasta hace apenas un par de años, se consideraban agua y aceite.
Por un lado, el sector mayoritario de la estructura partidaria con base en el trabajo y la justicia social ha comprendido que la fragmentación es su principal enemigo. Tras el desplazamiento de las figuras más extremas de su conducción, este bloque busca recuperar la “racionalidad de gestión” y el control del territorio que el experimento de la Casa Rosada les ha arrebatado.
En el otro extremo del salón se ubica el partido centenario, la fuerza de las instituciones y las formas. Sus referentes, cansados de ser señalados como “casta” y viendo su base electoral diezmada por el discurso oficialista, han decidido que la supervivencia de la República (y de su propia estructura) depende de una unidad de destino. Para ellos, este pacto no es una entrega de principios, sino un ejercicio de realismo político para restaurar el equilibrio de poderes.
El tercer actor, y quizás el más sorprendente, es la fuerza que nació como la alternativa moderna y empresarial al inicio del siglo XXI. Tras haber sido prácticamente absorbida y desdibujada por la actual administración, una facción crítica de este partido —el sector “dialoguista” que aún conserva cuotas de poder en las provincias— ha decidido cortar amarras con el Gobierno. Entienden que la “revolución de la libertad” ha mutado en una personalismo que amenaza con liquidar su propia identidad política.
El borrador del acuerdo, al que algunos ya llaman el “Compromiso por la Normalización”, se basa en tres ejes que buscan seducir a un electorado agotado por la polarización extrema:
Reconstitución del Federalismo: Un reparto de fondos que devuelva el oxígeno a los gobernadores de todos los signos.
Seguridad Social Sustentable: Un punto medio entre el ajuste perpetuo y la expansión desmedida.
Reinserción Internacional Pragmática: Lejos de los alineamientos ideológicos rígidos de la actual gestión.
Aunque los nombres propios se mantienen bajo siete llaves para evitar el desgaste prematuro, la coordinación es evidente en el Congreso. El rechazo conjunto a decretos clave y el impulso de leyes con financiamiento propio han sido los “ensayos generales” de esta gran coalición.
El desafío es inmenso: explicar a sus respectivas bases cómo es que ayer eran enemigos y hoy son socios. Sin embargo, en los pasillos de esta incipiente coalición, la respuesta es unánime: “El límite es el caos”. El tablero para las presidenciales ha dejado de ser una disputa de ideas para convertirse en una batalla de estructuras contra el fenómeno individualista que hoy habita Balcarce 50.
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