La desconfianza histórica en el sistema financiero local ha llevado a la Argentina a un podio global atípico. Según datos presentados por Vladimir Werning, vicepresidente del BCRA, el país se ubica como el segundo con mayor cantidad de efectivo y depósitos fuera del sistema, superando incluso a potencias como Alemania, Francia o el Reino Unido.
La cifra, que alcanza los USD 250.000 millones, representa un desafío estructural para el Ministerio de Economía. Mientras que el ministro Luis Caputo estima el monto en USD 170.000 millones, el BCRA ratifica un volumen mayor basado en datos del FMI, posicionando al ahorro informal argentino apenas por debajo de los USD 400.000 millones que registra Rusia.
Ranking Global: Ahorro fuera del sistema
| País | Monto Estimado (en USD) |
| Rusia | 400.000 millones |
| Argentina | 250.000 millones |
| Alemania | 200.000 millones |
| Reino Unido | 160.000 millones |
Este fenómeno se explica por la volatilidad macroeconómica y los años de restricciones cambiarias, que empujaron a los ahorristas a refugiarse en el mercado informal. Para revertirlo, el Ejecutivo apuesta a la Ley de Inocencia Fiscal, que permite regularizar divisas sin sanciones retroactivas y con un fuerte blindaje legal.
El plan de Caputo para reactivar la inversión
La estrategia oficial busca que los dólares “del colchón” se transformen en crédito y consumo. Tras la reglamentación de la ley, los fondos ahora pueden canalizarse no solo a través de bancos, sino también mediante sociedades de bolsa (ALyCs), fondos comunes e incluso billeteras cripto.
“El que lleva su plata a una ALyC está absolutamente blindado”, aseguró Caputo en su reciente presentación en Mendoza, destacando que el objetivo es fomentar la competencia entre entidades para ofrecer mejores rendimientos a quienes decidan blanquear sus activos.
Los datos ya muestran una reacción: los depósitos en moneda extranjera en el sector privado saltaron a USD 38.300 millones en febrero de 2026. El éxito final de esta medida dependerá de si el Gobierno logra consolidar la confianza suficiente para que el ahorro informal se convierta, finalmente, en financiamiento para la inversión productiva.