La interpelación a Adorni y el rol del PRO
Paralelamente a la definición de la reforma, la oposición perfila avanzar con la interpelación a Manuel Adorni, Jefe de Gabinete, por su crecimiento patrimonial, la sucesión de viajes al exterior y la polémica por los créditos hipotecarios otorgados a diputados y asesores ligados al oficialismo.
Distintos bloques, entre ellos Unión por la Patria, aprovecharían la apertura del recinto para intentar emplazar a las comisiones de Asuntos Constitucionales y de Peticiones y Reglamentos, ambas presididas por LLA, y tramitar los proyectos de interrogatorio. Sin embargo, el apoyo de varios bloques dialoguistas para que el pedido llegue al pleno dependerá de que el PRO, con 12 diputados, abra la puerta a la discusión.
Desde el oficialismo se afirma que confía en la disciplina de sus aliados parlamentarios y que el PRO y otros bloques “no acompañarán un pedido de la oposición” que considere intentos de sabotear la sesión. Voces de la oposición, en cambio, señalan que esperan que parte de la bancada amarilla, sin apoyar necesariamente la interpelación, sí se muestre crítica y abra el debate.
El martes, LLA prevé realizar una reunión interna de bloque para definir líneas de acción, repartir tareas de debate y evitar que la sesión se caiga por cuestiones de quórum o por movilizaciones internas.
Gobernadores, baja presencia del Ejecutivo y escenario judicial
Junto con la presión sobre el Congreso, el oficialismo ha presionado a gobernadores de provincias cordilleranas y mineras, como Mendoza, Catamarca, San Juan, Salta y Jujuy, para que asistan a la sesión o envíen a sus vicegobernadores con el fin de empujar el proyecto y reforzar el marco de “federalismo” y “desarrollo provincial”.
El argumento central es que la reforma beneficia a las provincias al otorgarles más poder de decisión sobre el uso de sus recursos, en línea con el Régimen Impositivo de Grandes Inversiones (RIGI).
Hasta último momento, se prevé que el número de firmas para el pedido de sesión ronde las 127 presencias, muy cerca de las 129 necesarias para abrir el debate, con margen para nuevas adhesiones.
En paralelo, el Gobierno ha optado por un bajo perfil político en el plenario de comisiones, evitando que ministros del Gabinete o los principales líderes del oficialismo participen de las audiencias.
La defensa técnica quedará en manos de funcionarios de segunda línea de áreas de minería y ambiente, buscando evitar que la discusión se transforme en un escenario para la confrontación pública.
El propio oficialismo admite que la etapa parlamentaria puede ser relativamente cómoda, pero reconoce que el campo de batalla se traslada luego al ámbito judicial, donde organizaciones ambientales, legisladores opositores y otros actores anticipan impugnaciones por la forma en que se realizaron las audiencias públicas y por la constitucionalidad de la reforma, en un escenario que podría llevar la norma a la Corte Suprema.
¿Qué sigue después de la sanción?
Aunque el oficialismo confíe en que la reforma consiga los votos suficientes en Diputados, el debate político y jurídico apenas comenzaría. La oposición y el mundo ambientalista ya prevén recursos de amparo, acciones de inconstitucionalidad y planteos ante organismos internacionales, mientras esperan que el Poder Judicial se expida sobre la validez de la norma y del proceso de participación ciudadana.
La reforma de la Ley de Glaciares, entonces, se perfilaba como una de las batallas clave de la gestión Milei: no solo por la definición de la política ambiental, sino por la forma en que el Congreso equilibra el poder de las provincias, el interés de los inversores mineros y la protección de un recurso estratégico como el hielo de montaña.