El traslado fue una escena de película. El vagón cruzó el conurbano por la Ruta 6 sobre un camión grúa y, el 5 de agosto de 2021, dos grúas gigantes lo depositaron sobre durmientes en su lote definitivo. En aquel entonces, el barrio era un desierto de apenas dos casas en obra.
Interiorismo en 45 metros cuadrados
Transformar un tubo metálico de 18 metros de largo por 2,63 de ancho en una casa funcional requirió ingenio. La clave fue un pasillo lateral de 80 centímetros que conecta todos los ambientes sin perder privacidad:
Zona Privada: Un dormitorio principal amplio y habitaciones para sus dos hijos con cuchetas compactas.
Servicios: Un baño completo con ducha escocesa y una cocina integrada con termotanque y horno ocultos.
Zona Social: Un living-comedor para seis personas con ventanales que conservan el sistema original de apertura del subte.
Por fuera, Juan construyó un deck de madera que simula ser un andén, acompañado por una parrilla y una pileta. Aunque el vagón es de acero, el aislamiento térmico sorprendió a la familia: con equipos de aire acondicionado y una estufa moderna, la temperatura se mantiene estable tanto en invierno como en verano.
Un legado japonés en Buenos Aires
Para Juan, el proyecto es también un homenaje a la ingeniería. Los vagones fueron fabricados en 1957 por Mitsubishi y llegaron a Buenos Aires desde Tokio en los años 90. “Los japoneses hacen las cosas bien; la tornillería y los materiales siguen funcionando décadas después”, admira.
Hoy, la familia Iriarte disfruta de la paz de Canning cada vez que el calendario lo permite. Pese al interés que despierta, Juan no piensa en alquilarlo; prefiere preservar su refugio hermético donde “no entra ni tierra ni agua”. Ante la pregunta de si repetiría la experiencia, su respuesta es contundente: “Si me gano el Loto, llevo dos vagones a Punta del Este”.